La moda de la “afición”

“Toda España se dedicaba por entonces a la gitanería con fruición”

Pío Baroja

En las primeras décadas del siglo XIX surge en España un curioso fenómeno social que perduraría hasta bien entrado el siglo XX: el flamenquismo que se fundamentaba en el dominio de la escena por el teatro costumbrista andaluz, en el auge del toreo y en el surgimiento del flamenco profesional.
La moda del flamenquismo abarcó todo el siglo XIX y mediados del XX. Es una moda que está emparentada con un movimiento cultural más amplio, el romanticismo. Al romanticismo le gusta lo exótico. Y dentro de Europa, en aquellas fechas, lo más exótico que había era Andalucía. Miles de viajeros vinieron de toda Europa a vivir el exotismo de Andalucía. Algunos de ellos lo reflejaron en sus obras de arte. Músicos, pintores, escritores retrataron o intentaron recrear esa atmósfera exótica de Andalucía. Y dentro de Andalucía, lo más exótico que había eran los gitanos. Una vez que lo andaluz y lo gitano habían despertado el interés de los visitantes extranjeros, ese interés se contagió a los nacionales y lo andaluz triunfó en el resto de España: zarzuelas, sainetes, corridas de toros, moda, etc… Y en ocasiones, lo gitano y lo andaluz van tan de la mano, que el auge del andalucismo contribuyó al auge de la afición a lo gitano.
En muchas de las obras costumbristas andaluzas aparecen personajes gitanos e, incluso, llegaron a representarse y a publicarse sainetes y comedias llamados de costumbres gitanescas.
Es una época muy interesante. Eso hizo que una gran parte del público se interesara por la cultura gitana.
Este fenómeno social dio lugar a la moda de la “afición”: payos que presumían de su conocimiento y práctica del gitanismo. Esta “afición” fue la principal inventora del caló de los diccionarios. El profesor Ivo Buzek, en su inestimable análisis de la lexicografía gitana en España, ha destacado como principales características de la misma el plagio y el saqueo descarado sin ninguna reflexión crítica sobre las fuentes utilizadas y ha señalado que ninguno de los autores de esos diccionarios era lingüista. A ello hay que añadir que ninguno de aquellos hacedores de diccionarios gitanos se tomó la molestia de llevar a cabo ningún trabajo de campo.
Este movimiento cultural, esta moda, esta afición por lo gitano tuvo muchas consecuencias positivas: por ejemplo, gracias a él entraron en el rico caudal común del español varios cientos de palabras de origen gitano, gitanismos, algunos siguen estando en uso y otros han pasado de moda. Pero tuvo consecuencias negativas: por ejemplo, la edición de esos diccionarios espurios que han hecho mucho daño al conocimiento del caló y que incluso han llegado a confundir a los propios gitanos y a los estudiosos de la materia.
Ahora mismo, en diferentes lugares del mundo, hay una incipiente moda gitanófila, similar en cierto modo a aquel del siglo XIX y principios del XX pero adaptado a los medios actuales. Componen esta nueva “afición” payos, gachos aficionados al gitanismo que pintan, cantan, etc… inspirados en lo gitano. Incluso usan el romanó. Esto constituye una forma de engaño (siempre preferible, desde luego, al antigitanismo imperante), aunque no son los artistas quienes lo pretenden ya que el arte surge siempre de una verdad, la verdad del artista. Hay que reconocerles el mérito artístico, enorme en algunos casos. Pero no debemos dejar que ocupen el lugar de los artistas gitanos y gitanas. Es mi opinión. Os pongo unos ejemplos para que veáis de qué estoy hablando:

1) Un pintor, Paul Hitter, que pinta cuadros en un estilo que podemos denominar realismo naif, que titula algunos de sus cuadros en romanó, que retrata gitanos y gitanas y que afirma que no es rom, que es gitano (gipsy) pero que no lo es. Algunos de sus cuadros tienen fuerza, algunos tienen mucha guasa. En general no me gusta. Pero juzgad vosotros mismos

2) Una gachí que lidera un grupo musical llamado Kali Mutsa (gato negro, en romanó). Hacen música electrónica. Algunos temas los cantan en romanó. Tampoco me gusta. Pero juzgad

3) Gogol Bordello, la banda de punk gitano liderada por Eugene Hütz. Sí me gustan. Me encantó sobre todo el tema que hicieron con Madonna .

4) El cineasta y músico Emir Kusturica, cuyas películas (Gato negro, gato blanco; El tiempo de los gitanos) y músicas están basadas en temas gitanos. Las dos películas me gustan. Son divertidas.

Quede claro que mi llamamiento no es en contra de las personas que siguen esa corriente artística, ni contra sus obras ni pretendo yo que solo los artistas gitanos puedan pintar obras de temática gitana o cantar estilos gitanos o escribir sobre gitanos ¡ni mucho menos! Mi llamada de atención va dirigida a los y las gitanas para que no confundan el arte gitano, es decir, el arte hecho por personas gitanas con el arte inspirado en lo gitano.

 

 

 

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