75 aniversario de la deportación de los gitanos rumanos

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Estos días se cumple el 75 aniversario de la deportación de los gitanos rumanos a Transnistria.

El Mariscal Antonescu, dictador rumano colaborar de los nazis, decretó la deportación que afectó a 24.617 mujeres, hombres, niños, niñas, ancianas y ancianos gitanos y gitanas, aproximadamente el 12 % de la población gitana rumana censada en 1930 (262.501 personas). Muchos de los gitanos y gitanas deportados eran personas que vivían sedentarias, es decir, en sus casas. No eran nómadas.

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Nadie sabe cuántas personas gitanas sobrevivieron a esta deportación. Sí se sabe que menos de 6000 fueron quienes se registraron ante la Gendarmería a su regreso a Rumania en agosto de 1944.  

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La mayoría murió debido a las duras condiciones. Muchos murieron en el camino ya que las condiciones de transporte eran inhumanas: hacinados en vagones de ganado tenían que viajar de pie, el viaje duró en algunos casos dos semanas(muchos fueron obligados a marchar a pie). Otros murieron de hambre y de frío y enfermedades por que en Transnistria fueron alojados en antiguas granjas ganaderas que el ejército había habilitado.
“Nos detuvieron en la calle, en Bucarest, estábamos en una carreta de caballos, nos decían que nos llevaban a un lugar donde recibiríamos tierras”, cuenta a la AFP Marin Safta, de 89 años de edad, cuya madre y un hermano perecieron durante los dos años que pasaron en Transnistria, una región controlada entonces por el régimen pronazi de Antonescu. “Nos deportaron para matarnos, pero, ya ven, yo no he muerto”, agrega el anciano, que nunca fue indemnizado por su deportación.

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Gheorghe Stana tenía 7 años cuando llegó la orden de deportación. “Teníamos una casa, mi padre trabajaba como jornalero y sin embargo fuimos deportados todos, mi madre, mi hermana…”. La falta de alimentos, las enfermedades y el trabajo forzado diezmaron a los deportados. “Miles de personas murieron allí. Los muertos eran arrojados a una fosa, como animales. Sigo teniendo en los ojos esas imágenes”, dice. “Cuando la guerra terminó, nos dejaron irnos”, acota Safta, narrando como volvió en tren hasta la frontera actual entre Moldavia y Rumania y luego a pie hasta Bucarest.
Aquí y aquí podéis leer más sobre este intento de genocidio que permanece desconocido, ignorado, olvidado

 

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