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María Cabrera, la gitana española más antigua

 

Gitanilla - Mérida - 4

Escultura romana expuesta en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida a la que graciosamente apodan “La Gitanilla de Mérida”

El mujeriego Duque

Diego Hurtado de Mendoza de la Vega y Luna (Arenas de San Pedro, 11 de marzo de 1461 – Guadalajara, 30 de agosto de 1531), tercer Duque del Infantado, fue llamado “El Grande”. Participó en la conquista de Granada, destacando en la toma de Loja y en la batalla que se diera en la “acequia gorda” granadina.

Intentó sacar provecho para su familia en las luchas por la sucesión a la muerte de Isabel y luego de Fernando (1504-1517), los Reyes Católicos, para estar en una posición de fuerza que le hiciera acreedor de las mercedes reales. Primero apoyó a Fernando y luego a Felipe “el Hermoso” hasta su muerte.

Diego se casó en 1492 con María Pimentel, hija del conde de Benavente.

El Duque tenía una renta anual de 50.000 ducados en 1530. Un ducado valía 375 maravedíes. Y cada maravedí valía 2 blancas (de ahí viene el “estar sin blanca”, ese estado habitual al que ya muchos y muchas nos hemos acostumbrado, y de ahí también deriva la utilización de “parné” -blancos en romanó- para expresar dinero). Si fuera posible la conversión de aquellas antiguas monedas al euro, hoy, un maravedí equivaldría a 0,072 euros y un ducado a 27,1 euros. Por tanto, el Duque era un potentado que ganaba cada año 1.355.000 eurazos. Y todo eso sin trabajar, valiéndose de sus privilegios heredados para explotar al pueblo y de sus conspiraciones para hacerse cada vez con más poder. Un prenda que diríamos.

Osea, el tipo era rico, poderoso y mujeriego. Y a pesar de estar casado se amancebó con cuantas mujeres quiso. No fue el caso de nuestra protagonista, que lo conoció aún soltero.

De sus amores con una bella gitana llamada María Cabrera, la verdadera protagonista de este artículo, nació Martín Mendoza, apodado “El gitano”.

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Isidoro Marín Gares, Titiriteros en la plaza del Conde (escena de volatineros en el Albaycín)

Arcediano y gitano

Martín de Mendoza nació el 11 de Noviembre de 1489, en Guadalajara y faltó en 1555. Fue apodado “el gitano” no solo por su origen sino sobre todo por su aspecto físico: era moreno, alto y guapo.

Su padre tuvo una especial predilección por él, criándolo “con regalo” en su palacio de Guadalajara. Tras darle estudios, lo destinó a la iglesia, logrando una Bula papal para que obtuviera beneficios eclesiásticos en 1505 y que el Papa Julio II lo nombrara Arcediano de Talavera (1509). En aquella época, la Iglesia mandaba mucho más incluso que ahora y dotaba los cargos con suculentas retribuciones.

Además, el Duque obtuvo su legitimación, es decir, que fuera reconocido como hijo legítimo suyo, por los reyes Fernando el Católico y la reina Juana la Loca en 1514.

También fue Arcediano de Guadalajara, abad de Santillana y de Santander, cura de Galapagar y otros beneficios de “gruessa renta”.

Cantó misa por primera vez en 1514 en Guadalajara. Su familia hizo una gran fiesta con combates fingidos de “moros y cristianos”: «Aderezóse la yglesia ricamente; ubo una suiza muy luzida en la plaça del Duque; fabricóse en medio de ella un castillo, y dentro de él estavan soldados en traxe de moros; otros soldados christianos pretendieron convatirle; salieron primero a escaramuzar moros y christianos; éstos vatieron el castillo con arcabuzes y mosquetes, y le rindieron, y cautivaron los moros, llevándolos como prisioneros a los pies del misacantano, que los puso en libertad» (sic), así lo cuenta Hernando Pecha en su Historia de la Ciudad de Guadalajara.

Martín heredó de su padre el gusto por las mujeres y fue famoso su amancebamiento con María de Cervantes, tía paterna del escritor, comenzado al poco de que el padre de ella, Juan de Cervantes, empezara a trabajar para el Duque (1527). De hecho, Martín, ya tenía un hijo ilegítimo llamado Íñigo de Mendoza de quien nada hemos podido saber.

Con todos los beneficios y prebendas mencionados, don Martín de Mendoza llegó a reunir una cuantiosísima renta, que en más de una ocasión salvó de apuros a su padre don Diego, cuya vida de derroche amenazaba dar al traste con la Casa del Infantado. A poco de fallecer éste, don Martín hacía una escritura de renunciación, suscrita en Guadalajara a 10 de Enero de 1533, ante el escribano Juan de Cifuentes, en que dispensaba a su hermano, ya cuarto duque, la parte que estaba obligado a pagarle de los 20.000 ducados (¡542.000! eurunos, sulmano) que don Diego, padre de entrambos, había ido tomando, a lo largo de los años, de las rentas y beneficios de don Martín.

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Retablo de La Gitanilla que forma parte del Monumento a Cervantes (Plaza de España, Madrid)

La quimera con los Cervantes

En 1527 el tercer duque del Infantado nombra a Juan de Cervantes (abuelo del escritor) su lugarteniente en la “Alcaldía de Azadas” (tasaciones de fincas y bienes), con el tratamiento cortés de “primo”, y le asciende en 1528 a oidor del Consejo del duque, en Guadalajara. Toda la familia se muda a esta ciudad y allí se conocen Martín de Mendoza y María de Cervantes. Con el beneplácito de Juan de Cervantes, Martín estuvo amancebado en 1529 con María. Estos amancebamientos no eran extraños en Castilla durante los siglos XV y XVI, y por situaciones parecidas pasaron las hermanas y la hija del escritor Miguel de Cervantes.

Durante este tiempo, la bella María Cervantes recibió de Martín “El gitano” joyas, vestidos y regalos que ascendieron a un valor de 146.000 maravedíes (más de 10.550 eurunos).

Martín y María tuvieron una hija llamada Martina de Mendoza a finales del verano de 1529.

El 30 de septiembre de 1529, ante un escribano, Martín se comprometió a pagar a María 600.000 maravedíes (43.360 euros): «Sepan cuantos esta carta de obligación vieren como yo, don Martín de Mendoza, arcediano de Talavera e Guadalajara, digo que, por cuanto yo soy obligado a dotar a vos doña María de Cervantes, por el cargo en; que estoy, de la probanza del cual vos relievo, por cuanto yo lo conozco e confieso, por ende, por descargo de mi conciencia e cumplir la dicha obligación, otorgo e conozco que daré e pagaré al dicho licenciado Cervantes vuestro padre, en vuestro nombre e para vos la dicha doña María e para vuestro dote e casamiento, seiscientos mil maravedís» (sic).

Pero en 1532, el nuevo Duque del Infantado Íñigo, hermanastro de Martín, despidió a Juan de Cervantes y la familia Cervantes se mudó a Alcalá de Henares. Entonces, Juan de Cervantes presentó, en nombre de su hija, un pleito contra el Duque y contra Martín el 2 de abril de 1532 ante el alcalde ordinario de Guadalajara reclamando los 600.000 maravedíes. El Duque contraatacó acusando a Juan de “tercería” con su propia hija, llevando a gusto “que se abarraganaran con ella” e indicando que ya había sido pagado el montante demandado en forma de repetidos regalos.

Primero en Guadalajara y luego en Valladolid el duque intentó que sus deudos o sus amistades fallaran en contra de Juan de Cervantes, quien llegó a estar encarcelado en Valladolid. Pero el conocimiento de las leyes por parte de Juan le permitió salir de la cárcel, ganar el pleito en la Chancillería de Valladolid y conseguir que ésta revocara la sentencia fallada en su contra en Guadalajara. María de Cervantes consiguió la crecida indemnización de 600.000 maravedíes, además del derecho de su hija a llevar el apellido Mendoza.

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Quien desee conocer los pormenores de los pleitos entre los Mendoza y los Cervantes puede gozar leyendo Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra de Luis Astrana Marín.

Con el tiempo, Martina de Mendoza se casaría con el escribano mayor del arzobispado de Toledo, Diego Díaz de Talavera. Y ahí le perdemos la pista.

Miguel de Cervantes Saavedra  (Alcalá de Henares, 29 de septiembre de 1547-Madrid, 22 de abril de 1616), no vivió estas quimeras pero seguro que le llegaron a través de su familia ¿quién sabe si ese odio acumulado fue lo que motivó que escribiera La Gitanilla de aquel modo tan racista antigitano como lo hizo?

María Cabrera, bailaora, amazona y volatinera

María Cabrera, gitana, bailaora, amazona y volatinera, es decir, que se ganaba la vida bailando y haciendo acrobacias y equilibrios en la cuerda floja y que montaba a caballo con maestría, se cree que nació en 1467. Nació ya en territorio español. Es, por tanto, la gitana española más antigua que conocemos por su nombre. Y se calcula que faltó en 1527, o sea, en plena persecución antigitana.

 

Fue una gitana longeva: ¡60 años! son muchos años incluso hoy en día. Por desgracia, no sabemos con certeza ni dónde nació ni dónde murió. Ni tampoco sabemos cómo vivió.

Posiblemente faltó en Guadalajara, donde todo comenzó.

La historia de los amores del entonces Conde de Saldaña (en el acervo gitano español se ha conservado el cuento y el romance del Conde de Saldaña pero nada tiene que ver con la historia que hoy os contamos) y la volatinera, danzante y caballista María Cabrera nos es revelada en el Nobiliario del Cardenal Mendoza.

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Palacio de los Duques del Infantado (Guadalajara) dibujado por Genaro Pérez Villamil (1842)

En 1488 acudió a Guadalajara, con motivo de la festividad del Corpus Christi (hoy se cumplen, por tanto, 529 años y 12 días, jijiji), una cuadrilla de gitanos. Ejecutaron una vistosa zambra en el palacio del segundo duque, padre de Don Diego, y tanto la familia Mendoza como otros muchos señores y señoras que asistieron al regocijo quedaron encantados de las habilidades de los artistas calós.

Entre las danzarinas, sobresalía extraordinariamente por su hermosura, garbo y donaire, una de nombre María Cabrera, que arrebataba la admiración de quienes la contemplaban.

Al terminar las danzas gitanas tuvo lugar un juego de cañas (se imitaba un combate en el cual se lanzaban lanzas de caña unos a otros, montados todos a caballo)  ejecutado por los caballeros de la ciudad. La linda gitanilla María Cabrera, animada con los parabienes de todos, pidió un caballo a don Diego Hurtado de Mendoza, para entrar en el juego. Ofrecióle éste uno de los mejores de su caballeriza, y, al efecto ataviada, cabalgó con singular destreza y desenvoltura, portándose varonilmente y (añade el compilador) «bien para lo que su femenil sesso le obligava» (sic). Esto acabó de rematar a don Diego, que ya ardía de pasión por ella. La colmó de ricos presentes y acabó por hacerla suya. O eso se cuenta.

De tales amores nació don Martín de Mendoza, que «fué hombre de buena estatura, seco y moreno, conforme a la madre» (sic). El cronista prosigue diciendo que el conde de Saldaña regaló a María una posada, para que «sin peregrinar viviese; y desde entonces les duró por hartos años a todos los gitanos (de la cuadrilla) el que viniendo a Guadalajara, luego visitaran la casa de los duques, como muy parientes della, y se la mostravan, con lo qual yban muy contentos de tal parentesco» (sic).

El oficio de posadero o mesonero ha sido muy común entre los gitanos españoles en épocas pasadas. Así lo contaba George Borrow en The Zincali (siglo XIX). Y yo mismo he conocido gitanos que me han contado que sus antepasados regentaron una posada.

Aún hay muchos calós apellidados Mendoza ¿tendrán algo que ver con esta historia? ¿Serán descendientes del Arcediano? ¿Aprovecharían la amistad y los lazos familiares con María para tomar el apellido del Duque?

 

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