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Europa es nuestra: un manifiesto

Iniciamos una nueva sección de firmas invitadas con este magnífico artículo de la profesora Ethel Brooks, gitana estadounidense, Profesora Asociada en los Departamentos de Estudios de Mujeres y Género y Sociología en la Universidad de Rutgers (New York, EE.UU.). Ha realizado investigaciones en una gran cantidad de sitios en todo el mundo, incluidos Londres, Estambul, Fall River, San Salvador, Dhaka y York City.

image_largeEs autora  de Unraveling the Garment Industry: Transnational Organizing and Women’s Work (University of Minnesota Press, 2007), que recibió el premio al Mejor Libro de 2010 de la Society for the Study of Social Problems. Ha contribuido con artículos en una serie de revistas académicas, incluyendo Nevi Sara Kali e International Working Class History. Actualmente está trabajando en dos proyectos de libros: Disrupting the Nation: Land Tenure, Productivity and the Possibilities of a Romani Post-Coloniality, y (Mis)Recognitions and (Un)Acknowledgements: Visualities, Productivities and the Contours of Romani Feminism, ambos centrados en la economía política y la producción cultural y la creciente violencia contra los ciudadanos romaníes (gitanos) en todo el mundo.

“Creo que tengo la obligación de llamar la atención sobre los Romá que tanto han contribuido al mundo y que tienen una historia de persecución”, dijo en una entrevista reciente.

En los últimos años, la prima Ethel ha hecho justamente eso, educar al mundo sobre los gitanos a través de su enseñanza, investigación y activismo.

Creemos que este discurso tan reivindicativo es cada vez más necesario.

 

Ethel Brooks

CEU (Central European University)/ Daniel Vegel, Budapest, 2015

Europa es nuestra: un manifiesto

La transformación civilizadora justificaba la colonización de la memoria, y por ende de los sentidos de las personas de sí mismas, de la relación intersubjetiva, de su relación con el mundo espiritual, con la tierra, con el mismo tejido de su concepción de la realidad, de su identidad, y de la organización social, ecológica y cosmológica

María Lugones

Europa tiene un problema de gachós, de payos.

Nosotras y nosotros somos europeos. Las personas gitanas hemos sido esclavizadas, transportadas, desalojadas, expulsadas; somos víctimas de la trata, esterilizadas por la fuerza, asesinadas.

Reivindicamos nuestra humanidad, reclamamos nuestra historia y reclamamos nuestro lugar en el suelo de Europa. Llevamos viviendo aquí ya un milenio y somos entre 10 y 12 millones; superamos en número a muchas de las naciones europeas reconocidas, incluidos suecos, serbios, irlandeses y austríacos.

Ustedes, las gachís y los gachós, las payas y los payos, se han beneficiado de nuestra experiencia: de nuestro conocimiento en la cría de caballos o en la carpintería, de nuestra capacidad de reciclar, comprar y vender, hacer música y arte.

Ustedes se han beneficiado de nuestro trabajo: como esclavas, como deportadas, como braceras que recogen vuestras cosechas, vuestras frutas y verduras; como limpiadoras de vuestra basura; como los peones que han pavimentado vuestros caminos y que han arreglado aquello que habíais roto y desechado. Incluso cuando negáis nuestra posición en el mundo, en la medida en que trabajáis para “incluirnos” –incluso a través de la Década para la Inclusión Romaní y más allá– lo que os negáis a ver es que el problema nunca ha tenido que ver con nuestra inclusión –por cierto, inclusión es una palabra demasiado inofensiva para describir las ofensas que se han cometido contra nosotras– sino más bien con el racismo, la segregación y la violencia, el genocidio y el asesinato masivo, las prácticas explotadoras y extractivas a las que hemos estado constantemente sometidas.

Ustedes se han beneficiado de tales exclusiones, de tales prácticas, de la violencia –incluso aunque usted en concreto no la haya llevado a cabo– y de la exotización de nuestra cultura, de nuestras posiciones como sujetos; se han aprovechado para asegurar su empleo, sus riquezas, su sentido de superioridad, su sentido de su propia riqueza cultural.

Rechazamos su apartheid cultural. Rechazamos su imperialismo cultural. Rechazamos sus fantasías sobre nuestras patologías, sobre nuestra sexualidad, sobre nuestra música y nuestra cultura. Dejaremos de proporcionarles imágenes para alimentar esa fantasía, aquellas que les han beneficiado material y culturalmente, pero que son testimonio de las formas en que ustedes, los gachós y las gachís, extraen, se apropian, manipulan –roban de hecho– nuestra cultura.

Trabajan ustedes para representarnos, trabajáis para administrarnos, gobernarnos, para lidiar con lo que es, en última instancia, tu “problema gitano”, lo que nos convierte en un “problema de gachés”, marcado por la violencia racista, la representación racializada y la apropiación cultural, social y económica.

Nos negamos: rechazamos esta representación, el robo cultural y la explotación que se ha llevado a cabo contra nosotras en nombre de lo que es interesante, lo que es exótico, en el nombre de nuestra Alteridad. A partir de este momento, denominaremos todo eso como lo que realmente es: representaciones de gachó, fantasías de payo, manipulaciones de la gitanidad.

Repito: hacemos un llamamiento al fin del apartheid cultural, al fin de la apropiación cultural. Hacemos un llamamiento a la solidaridad entre las personas oprimidas. Hacemos un llamamiento a la renovación de la negritud para que pensemos en las oportunidades que nos ofrece ese concepto cuando se tiene en cuenta a las personas romaníes, a las gitanas y a los gitanos. Porque nosotras también somos negros. Tenemos diferentes tonos de piel, diferentes colores de ojos o diferentes colores y texturas de cabello, pero somos negros. De hecho, negro es una de las denominaciones que nos hemos dado a nosotras mismas en nuestro idioma: Kalo, Kali, Kale. Todos ellos significan negro. Usted, a su vez, a menudo se refiere a nosotros con insultos raciales, con epítetos que significan nuestra negritud: gitano, Gypsy, Zigeuner, Tsigan, Zigan, Cigano. Todos estos nombres son marcadores de nuestra negritud impuestos desde el exterior como lo es la discriminación sistemática, la segregación, la violencia y la apropiación a las que hemos estado sometidas las personas gitanas durante siglos y en el momento actual, con una fuerza y ​​frecuencia cada vez mayores.

Es hora de reclamar nuestra negrura para trabajar en solidaridad con otras personas de color, con los negros en todo el mundo, con los que antes eran colonizados, explotados, esclavizados, aquellos que han tenido historias paralelas; aquellos cuyo trabajo, cuya cultura, cuyas personas y cuerpos han sido objeto de violencia y apropiación racista. Es hora de renovar el mandato de la negritud como complemento y contestación del discurso de los Derechos Humanos que no ha logrado lo que era necesario en relación con el Pueblo Gitano. El discurso de los Derechos Humanos no nos ha llevado a la categoría de lo humano sino que ha permitido que la violencia, el asesinato, la segregación y el intento de genocidio florecieran, incluso cuando se ha trabajado para incluirnos en la categoría de lo humano.

Somos humanos. Somos negros. Somos Romá. Somos mujeres, hombres, niños. Somos padres, hijos, hermanas, hermanos, tías, tíos, abuelos, abuelas. Somos todos. Somos extraños. Somos hermosos. Reivindicamos nuestra identidad en toda su complejidad, multiplicidad, belleza, unidad, como un camino político.

Otra política. Una política más allá del problema de los gachés. Una política de esperanza. Una política de Romanofuturo.

Reivindicamos la nacionalidad sin aspirar a la jerarquía del Estado-nación; no aspiramos a la tiranía de la frontera ni al imperativo del imperio que forman parte del legado de Europa, encarnado en el sistema actual de Estados-nación.

Reivindicamos el derecho al espacio público: estar en público, ser parte del público, contribuir al bien público y reclamar el bien público como ciudadanos.

Reivindicamos el derecho a tener un hogar, el derecho a tener un lugar, el derecho a que nuestros barrios no estén situados en vertederos tóxicos.

Exigimos acceso a escuelas no segregadas, a la educación equitativa,  a tener instalaciones educativas adecuadas y planes de estudio también adecuados.

Reivindicamos el derecho a vivir con salud, en paz y con tranquilidad; el derecho a la seguridad y a ser protegidos; el derecho a la protección del Estado; y el derecho a que se apliquen las leyes; reclamamos el derecho a la atención médica.

Reivindicamos la equidad de género, la igualdad de género y exigimos una sexualidad posterior a Auschwitz que esté libre de esterilización forzosa, que nos permita identificarnos de la forma que elijamos, que brinde seguridad a nuestras vidas, medios de subsistencia y educación para todos los miembros de nuestras familias, que promueva el florecimiento de nuestras niñas junto a nuestros niños.

Reivindicamos igualdad de acceso al empleo y el fin de la discriminación en el mercado laboral; reclamamos las redes de seguridad del estado de bienestar y de la protección de los trabajadores.

Exigimos la libertad de cruzar fronteras y la capacidad de establecernos sin temor a la expulsión y la deportación.

Reivindicamos seguridad y protección contra la violencia racista. Exigimos seguridad contra los asesinatos ultranacionalistas. Reclamamos restitución y reparación histórica por los siglos de esclavitud, por las numerosas leyes antigitanas que han estado vigentes en toda Europa a lo largo de nuestra existencia aquí; reclamamos el reconocimiento y la reparación por los asesinatos cometidos por los nazis y sus aliados. Reclamamos la libertad.

Berlín es nuestro. Estambul es nuestro. Lety es nuestro: incluso debajo de la granja de cerdos nuestros huesos se mezclan con el suelo de Europa. Sofía es nuestra. Milán es nuestro. Granada es nuestra, Córdoba, Madrid, Alicante, Barcelona son nuestros. Jaén, Bilbao y Málaga nos pertenecen.. Londres, París, Belgrado y Frankfurt son nuestros. Pertenecemos a Shutka, Budapest, Amsterdam, Nueva York y Buenos Aires. Europa es nuestra. Somos Europa.

Reclamamos la persecución que enfrentamos. Reclamamos el milenio de violencia, exclusión, extracción y esclavización que hemos padecido. Nosotras y nosotros reclamamos Europa. Reclamamos la ciudad. Reclamamos el mundo. Reivindicamos nuestro lugar, nuestra historia, nuestro futuro. Reclamamos Romanofuturo. Romanofuturo es el futuro de todas y todos. La libertad para nosotras y nosotros es libertad para todas y todos.

Notas:

  1. La cita de María Lugones está extraída de Toward a Decolonial Feminism, Hypatia (4), Fall 2010: 742-759 a través de la traducción de Gabriela Castellanos: Hacia un feminismo descolonial, La manzana de la discordia, Julio – Diciembre, Año 2011, Vol. 6, No. 2: 105-119
  2. El campo de concentración de Lety (República Checa) fue un campo específico para personas gitanas durante la 2ª Guerra Mundial en el cual sufrieron presidio un total de 1309 personas de las cuales 326 murieron (incluidos 30 niños) y más de 500 fueron deportadas a Auschwitz donde fueron exterminadas. En la actualidad, sobre el terreno que ocupó el Campo de Lety se alza una granja de cerdos (Nota de los traductores).
  3. La traducción de este artículo ha corrido a cargo de Silvia Agüero y Nicolás Jiménez
  4. Este artículo fue publicado originalmente en inglés en el blog del European Romani Rigts Center el pasado 20 de octubre y en español también ha sido publicado por Nevipens Romani el 25 de octubre y por Píkara Magazine el 27 de este mismo mes.

 

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Gina Ranjicic, valiente madre de la poesía gitana en romanó

No sabemos ni dónde ni cuándo nació la Tía Gina Ranjicic aunque se suele dar la fecha de 1830 como su posible nacimiento. Sí sabemos que faltó el 17 de mayo de 1891 en Biskupec (Eslavonia, actual Croacia) y si en este mundo nuestro hubiera lache o vergüenza el 17 de mayo debería ser la fiesta de la poesía gitana en romanó puesto que la Tía Gina es la más antigua poetisa gitana de quien tenemos memoria.

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En la segunda edición de “De la vida interior de los gitanos” se incluyó esta imagen de una bella y desconocida gitana

La Tía Gina fue una de las gitanas más valiente, más inquieta, más veleidosa y atrevida que haya existido. Creemos sinceramente que si no hubiera sido gitana Gina Ranjicic sería hoy una celebridad europea, admirada y considerada por su talla literaria y por su espíritu libre y aventurero. Creemos que su olvido es una forma más de antigitanismo y, en este caso, de gitanofobia de género.

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Casi todo lo que sabemos sobre ella lo dejó escrito Heinrich von Wlislocki, el primer gachó que se dedicó casi en exclusiva al campo de los Estudios Gitanos, en su Aus dem inneren Leben der Zigeuner (De la Vida Interior de los Gitanos).

De Wlislocki hablaremos otro día, hoy toca hablar de la Tía Gina.

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Dr. Heinrich von Wlislocki

Cuenta Wlislocki que conoció a la Tía Gina en 1890 gracias a la información que le proporcionó el Dr. Jakobcic, funcionario consular de Serbia, que le contó que había conocido a una gitana que había escrito 250 poemas en romanó y que ésta se encontraba en el pueblecito de Essek. Allí que se fueron los dos. Y la anciana Tía Gina les contó su vida, una azarosa vida, repleta de aventuras y peripecias.

Les contó que había nacido en una familia de gitanos errantes.

Les narró que a los 12 años conoció en Belgrado a Joachim Dalenes, un rico comerciante armenio, quien la aporijó (la acogió como a una hija) y se la llevó a Constantinopla donde durante tres años tuvo como preceptor al alemán Karl Berik con quien aprendió a leer y a escribir y, según la Tía Gina, “todo lo que pude”.

Les explicó que el hermano menor de Joachim, Gabriel, la desposó; que Gabriel era tres veces mayor que ella pero la hizo feliz y junto a él vivió una vida de lujo y que fue entonces cuando empezó a escribir poemas en turco, en armenio y en romanó.

Según les contó la Tía Gina al Dr. Jakobcic y al gitanólogo Wlislocki, en esa época escribió dos libros voluminosos que abandonó cuando se escapó con su amante albanés.

Le relató que estando casada con Gabriel conoció a un joven y apuesto albanés, Gregor Korachon, que la sedujo y que se escaparon. Con aquel albanés al que en sus poemas llama Kipetaro vivió innumerables aventuras ya que se dedicaba al robo y al contrabando.

Les contó que viajó a Italia y que en Siracusa conoció a Jakob Hornstein, un millonario judío de origen rumano, que cayó rendido a sus pies. Jakob era un hombre culto que poseía una gran biblioteca que la Tía Gina devoró. Adquirió así tal dominio de la lengua alemana que Jakob le pidió que tradujera al romanó el poema que más le gustaba del poeta alemán August von Platen-Hallermünde que, precisamente, estaba enterrado en Siracusa. Además, con Jakob viajó por toda Sicilia, donde residía, y por Alemania, Francia, Inglaterra… En uno de sus viajes por el norte de África conoció a Peter Kandalidis, un joven y guapo gitano de origen griego. La Tía Gina convenció a Jakob de que se llevasen con ellos a Peter como criado. Después de cinco felices años de matrimonio con Jakob éste enfermó y en su enfermedad creyó que la Tía Gina le era infiel con Peter y lo despidió. Durante su enfermedad se trasladaron a Constantinopla y allí la familia de Jakob tomó las riendas de su vida y poco a poco le hicieron apartarse de su marido. No obstante permaneció junto a él hasta el día de su muerte, el 23 de marzo de 1866. Entonces fue acusada por la familia de Jakob de haberlo envenenado. Esta acusación la llevó a la cárcel donde tuvo que permanecer tres largos meses hasta que la autopsia demostró que nada había tenido que ver con la muerte de su apreciado Jakob. Heredó una fortuna de ¡¡¡10000 ducados austriacos!!! Pero se encontraba sola en Constantinopla a pesar de ser entonces una de las damas más deseadas. Así pues, decidió regresar a Serbia con su gente y gastar con ellos la herencia recibida.

También añadió que después viajó a París donde durante dos años malgastó su fortuna.

Y que los últimos 20 años los había pasado entre su gente compartiendo la pobreza.

Cuenta también Wlislocki que el Dr. Jakobcic adquirió los manuscritos de nuestra poetisa por 200 florines austriacos.

Wlislocki incluyó 25 poemas de Gina Ranjicic en el capítulo que le dedicó. Lamentablemente, la obra de Wlislocki permanece inédita en español y la obra de la Tía Gina sigue ignorada a pesar de que ya en 1904 la madrileña revista “La lectura” reseñaba un artículo sobre su vida y ventura.

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Portada y sumario de “La lectura” que en 1904 se hizo eco de la vida de la Tía Gina. Esta ilustración es un montaje gráfico de nuestra propia cosecha

Hay autores que han pretendido que Gina no existió, que fue una invención del gitanólogo Wlislocki. No lo creo. Es verdad que otros gitanólogos inventaron personajes gitanos con quienes simularon haber vivido una y mil aventuras para reivindicar su cercanía a lo gitano, su condición de Romany Rye, de caballero gitano, como a la mayoría de los gitanólogos les gustaba ser llamado. No parece ser el caso de Wlislocki ya que no utilizó la figura de Gina para demostrar su conocimiento de los asuntos gitanos. Lo que sí parece que hizo es inventarse las traducciones de los poemas que adornó de influencias alemanas. Por fortuna, Wlislocki fue tan honrado que incluyó las versiones originales en romanó y así podemos disfrutar de una pequeña parte de la obra de la Tía Gina.

Sería maravilloso poder dedicarle tiempo a investigar y tratar de rescatar del olvido la obra completa de la Tía Gina. Es posible que el tiempo y las vicisitudes la hayan destruido pero también es posible que espere agazapada en los estantes de un olvidado archivo.

Nota: este artículo puede ser compartido libremente pero recuerda mencionar la autoría (Nicolás Jiménez) y la fuente (https://gitanizate.wordpress.com/)

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Panna Cinka, nuestra señora del violín

Panna Cinka o Czinka Panna (en húngaro) o Panna Cinková (en eslovaco) fue una famosa violinista gitana húngara nacida en la ciudad húngara de Sajógömör (actualmente Gemer, en Eslovaquia. Sí, sí, la convulsa historia de Europa ha hecho que las ciudades hayan ido pasando de país en país por los caprichos de las guerras) en 1711.

220px-Czinka_Panna_cigányprímásAdemás de tocar el violín fue una prolífica compositora a la que se adjudican más de 100 obras. Su música abarca tanto la música tradicional gitana como la música clásica.

Ignoramos qué día nació pero sí sabemos que nació en una familia de gitanos músicos. Su agüelico fue Mihàly Barna, uno de los violinistas gitanos más antiguos que se conocen, y su papa, Sándor Cinka, fue músico de la Corte de Francisco Rákóczi II (líder de la guerra de independencia húngara contra el dominio de los Habsburgo, Príncipe de los Estados Confederados por la Libertad del Reino de Hungría, Príncipe de Transilvania, Príncipe Imperial y que, actualmente, es considerado un héroe nacional en Hungría) en Rožňava.

Su papa y sus hermanicos son considerados los autores de la famosa Marcha Rákóczi también conocida como la Marcha Húngara que fue tenida por el himno no oficial del Estado húngaro (aquí podéis escucharla interpretada por la Orquesta Gitana de la Radio Húngara dirigida por el violinista gitano Sándor Lakatos). O sea, que la gente de la Tía Anna Maria siñaban unos monstros de la música.

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La actriz Aranka Hegyi en el papel de Panna Czinka (1896) en una obra de teatro

Cuenta la leyenda que cuando tenía nueve años estaba tocando el violín para entretener a su familia y la vio Ján Lányi, el principal noble de la provincia, y desde entonces se convirtió en su mecenas y protector.

Estudió música en Rozsnyó (actualmente Rožňava) y, a los 14 años, se casó con Dànyi, un gitano Kalderaś que tocaba el contrabajo, de cuyo feliz matrimonio nacieron cuatro hijos y una hija. Se incorporó a la banda que Dànyi y sus cuñaos habían creado en 1725 y con la que habían ya actuado por toda Hungría y por Polonia y Rumania.

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La Tía Anna Maria transformó esa banda de música: actuaba como directora y primer violín y diseñó unos uniformes que vestían en sus actuaciones y que recordaban a los uniformes militares. La banda de la Tía Panna es considerada como la inspiradora de las bandas de música gitana que triunfaron en Hungría y en Europa en el siglo XIX y parte del XX.

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Diseño del vestuario para la ópera de Zoltan Kodaly inspirada en Panna Czinka

Con esa banda giraron por toda Europa. La nobleza ansiaba invitarlos a tocar en sus palacios y palacetes. Tocaron incluso para la Emperatriz María Teresa ¡Ojalá la hubieran maldecío pa que esta esgollá no hubiera hecho tanto daño a nuestra gente!

Además de tocar el violín (nada menos que un Amati –los violines Amati fueron tan apreciados como los Stradivari) tocaba la flauta y cantaba.

Sus hijos se fueron incorporando a la banda.

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La ópera Balada de Cinka Panna del compositor Zontal Kodaly se estrenó en 1948 en Budapest

Su fama en vida fue mucha de tal manera que ha transcendido y su vida y su figura han inspirado poemas, novelas, obras de teatro, una ópera y una película y varios pintores checos y eslovacos la han retratado. Incluso ha sido denominada la Safo gitana.

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Monumento en su memoria erigido en Gemer (Eslovaquia)

La Tía Panna Cinka faltó en su ciudad natal de Gemer y le dieron sepultura el 5 de febrero de 1772, vestida con su uniforme, luciendo un anillo de diamantes y con su violín Amati.

Sajógömör36Tiene calles dedicadas a su memoria en Györ, Monor, Miskolc y Budapest. Y en su ciudad natal, Gemer, se alza un monumento que la recuerda.

 

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El amor como arma de resistencia

Juana, Rosalía, Lucía y cuantas gitanas ha habido antes que nosotras:

Te na bistras tumare anava! ¡Vuestros nombres serán nuestra memoria!

Aquel miércoles, 29 de Julio, Juana, la viuda de Baltasar de Vargas, echaba el rato a la fresca. Sentada en su silla de enea delante de la puerta de su casa. Conversando con las otras gitanas del barrio gitano de Orihuela  ‒sí, ese mismo barrio donde siglos después nacería un cabrero poeta que sembró los vientos del pueblo de libertad y que se llamó Miguel Hernández.

Trenzaban pitas de esparto mientras charlaban. Juana de Vargas de vez en cuando levantaba la mirada para ver dónde paraba Lucía que jugaba con las otras niñas, primas y vecinas, que conocía de toda la vida. Juana de Vargas, abuela de Lucía, se conservaba estupendamente. Tenía la avanzada edad de 64 años, para ser gitana y mujer, en 1749, había vivido muchos años y todavía le quedaban fuerzas para jugar con su nieta, trabajar, cuidar de sus hijas y mucho más.

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Echó un trago al búcaro para refrescarse y pensó que Rosalía, su hija, a esas hora debía de estar amamantando a Francisco de Paula para dormirle. Rosalía vivía en Alicante con su marido Nicolás, acababan de tener un bebé y Lucía había querido quedarse con ella. Aunque cerca de la casa de sus padres había mar, no era costumbre ni aconsejable entonces bañarse en esas aguas procelosas. A Lucía le encantaba estar con su abuela, quien la enseñaba muchas cosas y además pasaban el día en el Rio Segura, el río de Orihuela, con sus tías y primas. Lucía jugaba alegremente ignorando por completo lo que su destino, escrito y dictaminado por hombres payos poderosos, le deparaba.

Todo se fraguó en secreto. El Marqués de la Ensenada, Zenón de Somodevilla ‒¡Qué hasta el nombre lo tenía feo, el desgraciao!‒, instigado, ayudado, correspondido, apoyado en todo momento por Don Gaspar Vázquez de Tablada, Obispo de Oviedo por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica ‒por muchas vidas que vivan los joíos curas del carajo no gastarán jamás tiempo suficiente para pedir perdón por todo el daño que le han causado a la humana especie. He dicho‒ y presidente del máximo órgano legislativo, el Consejo de Castilla, ambos como digo, habían urdido la trama, organizado todo y siempre en connivencia absoluta con el Rey Fernando VI de España, llamado «el Prudente» o «el Justo» ¡Qué gracia tuvo quien le puso el apodo! ¡Quiera el universo y todas las fuerzas de las mujeres que me han precedido que estos tres malditos no hallen descanso jamás y vaguen eternamente condenados!

Por cierto, que este Rey Fernando VI era el noveno abuelo del Felipe que ahora reina pero no gobierna y cobra un sueldazo por ello: Felipe, hermoso, tú que vas de moderno e incluso has desposado a una divorciada plebeya ¿a qué coño esperas pa’ pedir perdón por todo lo que tus malos muertos le hicieron a los míos?

Don Zenón, como decía, había dado la orden y lo tenía todo preparado para que esa noche todas las gitanas y todos los gitanos de España ¡entre 9000 y 12000! fueran capturadas y capturados. Aquella redada, la Gran Redada, tenía el objetivo declarado de “exterminar a tan perniciosa raza”.

Y mientras se extinguía esa “raza” perniciosa,  les sacarían el saín, todo el provecho que pudieran: los hombres servirían de mano de obra esclava para reconstruir la armada española en los arsenales de marina y las mujeres servirían en “labores propias de mujeres” en hospicios y casas de misericordia. Sí, sí, separados para extinguirlos, separadas las mujeres gitanas de sus hombres para que no hubieran más gitanillas ni gitanillos en el Reino.

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Entre chistes y veras, preguntando por la faena, hablando de las hijas y los hijos, pasaba plácida la anochecida. No tenían ni idea de que a las afueras de su pueblo, de su Orihuelica del Señor, esperaba un destacamento especialmente dispuesto, venido de Valencia, para capturarlas a ellas y capturarlos a todos, los gitanos y las gitanas. Nadie conocía el propósito de la tropa allí destacada. Ni las autoridades locales. El joío Marqués no confiaba en que los alguaciles o los alcaldes fueran a mantener el secreto de su operación. Creía que avisarían a sus vecinos gitanos para facilitar su huida. Es posible que eso hubiera ocurrido. Los muchos años de convivencia o vivencia en cercanía habrían, seguro, propiciado amistades y amores y relaciones comerciales y de todo tipo y es posible que aquellos gachós de los pueblos que no estaban tan maleados como los de la Corte hubieran ayudado a sus vecinos gitanos. Es posible digo. No lo sé:

Yo no recuerdo tan siquiera el leve

                               apretón de otra mano fatigada.

                                                                              Solo el látigo

                                                                                              Dejó dicho el poeta José Heredia

 

Toda España sería testigo del intento de genocidio. La Gran Redada se llevó a cabo en todo el Reino. A la vez. A las doce de la noche, tal y como lo había previsto el dichoso Marqués, los comandantes de los destacamentos abrieron el sobre lacrado que contenía las órdenes.

En Orihuela se dirigieron a la Calle de los Gitanos. Lo tuvieron fácil. Rodearon el barrio y acometieron, casa por casa, hasta sacar a cada una de las gitanas y a cada uno de los gitanos. Los reunieron en la plaza de abajo y los condujeron, a pie ¡¡¡80 kilómetros!!! hasta el Castillo de Santa Bárbara, en la capital, en Alicante ¡¡la mellor terreta del mon!!

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Manifestacion 8 de Marzo en Alicante

El 30 de julio por la tarde, tras caminar más de 15 horas, llegaron al Castillo de Alicante. Allí pasaron la noche. Se les repartió agua y pan. A la mañana siguiente, las gitanas, sus chavorrillos de menos de 7 años y sus chavorrillas, todas, fueron conducidas, también andando al Castillo de Denia ¡Otros 80 largos kilómetros!

En el Reino de Valencia, el Castillo de Denia y posteriormente el Castillo de Gandía sirvieron de depósito transitorio para las mujeres gitanas. Mientras que el Castillo de Santa Bárbara de Alicante fue el depósito para los hombres y niños de más de 7 años, edad en la que entonces eran destetados. Desde el año pasado y fruto de los esfuerzos de la Federación Autonómica de Asociaciones Gitanas de la Comunidad Valenciana, una placa en la Plaza de Armas del Castillo los recuerda, nos recuerda a todas y todos el terrible destino al que fueron sometidos aquellos 261 gitanos solo por ser gitanos.

Posteriormente, los hombres capturados en el Reino de Valencia serían enviados al Arsenal de Cartagena a fabricar barcos para la Armada de su Majestad ¡Mal reposo tenga! Y las mujeres, mis antepasadas, gitanas como yo, fueron enviadas al Hospital del Rey en la ciudad de Valencia donde atenderían a los enfermos y lavarían sus ropas y sábanas. Las niñas, según los planes de Ensenada y Vázquez de Tablada, aprenderían a coser y serían enviadas a casas de familias principales para que sirvieran en ellas. Sí, sí, como esclavas. Luego hay quién se pregunta de dónde le vienen los privilegios a los capitalistas: aquí está lo que el payo Marx llamó acumulación originaria del capital.

En Andalucía, las gitanas capturadas fueron enviadas a Málaga donde la falta de previsión del Marqués (no previó que hubiera tantas gitanas en Andalucía) hizo que hubiera que cerrar dos calles para alojar allí a las prisioneras. Después, esas pobres gitanas de Málaga fueron conducidas en barco a Tortosa (Tarragona) y desde allí caminando ¡¡200 kilómetros!! a Zaragoza, a la Real Casa de Misericordia.

Más de 600 mujeres  gitanas, con sus niñas y sus niños fueron encarceladas en la Real Casa de Misericordia de Zaragoza.

Los hombres gitanos andaluces fueron conducidos al Arsenal de la Carraca (Cádiz) y, nuevamente, como eran muchos, una parte fue conducida a La Coruña donde tenía su graciosa Majestad una fábrica de velas para sus barcos de guerra. Por desgracia, uno de los barcos que llevaba a los prisioneros gitanos naufragó y el mar se tragó a cientos de los nuestros.

El destino, como ya digo, era claro para los hombres: una muerte segura, condenados a trabajos forzados en los arsenales de Marina. Pero los gitanos se resistieron, se amotinaron, se fugaron…

El fin de las mujeres no era tan claro. Hasta para lo malo las mujeres siempre salimos perdiendo. Ni previsión de resistencia. Ni eso tuvieron en cuenta para nosotras.  Presumían el Marqués, el Obispo, el Rey y sus secuaces, que las mujeres se extinguirían sin más; que no darían problemas; que las niñas gitanas serían reconducidas como servidoras esclavas de las familias acomodadas. Creían estos señores que nuestras mujeres y nuestras niñas, serían sumisas.

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Conmemoración a las victimas de la Gran Redada 2017 Alicante

Muy al contrario, las mujeres gitanas encarceladas en la Real Casa de Misericordia de Zaragoza no fueron dóciles ni sumisas. Iban con sus hijas y sus hijos y se defendieron rabiosamente:  «El deseo de volver a su libertad las hace tan resueltas y aún despechadas que es raro el día que no cometen uno u otro atentado, lo que nos induce al prudente recelo de que se extienda su arrojo y temeridad de dar fuego a la casa para frustrar nuestra providencia».

Cientos de cartas llegaban al Marqués de la Ensenada de parecido tenor: las mujeres se rebelaban; inundaban los pozos; iban desnudas por la Casa; hiriendo violentamente el pudor de los curas y monjas; evitando las misas o los trabajos forzados.

Lo que nadie se atrevió a contarle al Marqués era el temor a otros males que sentía el vicario de la Casa: «algunas cosas que se notaba en las gitanas, de juegos entre ellas, indecentes y feos, y que, como entre éstas hay muchas chicas, podría trascender este escándalo y ocasionar estrago entre ellas» ¡Ay, los curas! ¡Qué cabrones! ¡Siempre más preocupados de la moral que de la ética! Les importaba una mierda que aquellas pobres estuvieran sufriendo las de Caín en cambio se preocupaban de que fueran a tener algún “desliz”.

Lo que estos payos de la época definen como “juegos indecentes” no era sino el amor, el profundo amor que se daban en esa situación desesperante, aberrante, donde la incertidumbre de sus destinos o el añoro de sus hijos, padres, maridos, hermanos, primos, les dolía como hierro candente. El amor entre ellas las reconfortaba, las hacía más fuertes y poderosas.

Integración, inclusión, da igual como lo llamen en los programas específicos del gobierno para el Pueblo Gitano.

No, nada de eso ha funcionado y lo vemos claro en la historia. Lo que se pretendió aquel nefasto miércoles 29 de Julio de 1749 fue nuestro exterminio porque ya habían fracasando en los siglos anteriores cuando se nos quiso integrar a la fuerza: prohibiendo nuestras vestimentas, nuestro modo de vida, nuestra lengua. Para que nos volviésemos católicas, creyentes y sumisas.

Volvemos a estar en ese Miércoles Eterno. Se vuelve a suponer y a pregonar públicamente que las gitanas somos sumisas de una cultura patriarcal y perniciosa y que nuestro modo de vida no encaja con el sistema occidental que domina nuestra sociedad.

Ustedes, gentes biempensantes, son el arma que el Poder utiliza para continuar oprimiéndonos. No se engañen: ser gitana hoy en día es una alternativa al capitalismo y al patriarcado también.

Es el amor lo que hoy en día seguimos reclamando. El amor a nuestra identidad, hacia una moral nuestra, hacia un sentimiento que gira en torno a nuestro pasado. Por la memoria de Lucia, de Juana o de Rosalía.

¡El cariño! Fue el cariño lo que motivó que Nicolás Franco, 33 años de edad, y su esposa Rosalía de Vargas, cuya edad ignoramos, gitanos, vecinos de Alicante se entregaran a las autoridades tres días después de que su hija Lucía junto con la abuela Juana y las tías maternas fueran capturadas en Orihuela. Cuando Nicolás y Rosalía supieron que su hija había sido capturada y permanecía presa en el Castillo de Santa Bárbara no lo dudaron, se entregaron y las autoridades les incautaron las dos mulitas pequeñas y viejas que tenían además de las 33 libras, 12 sueldos y 10 dineros que constituían todo su capital.

No lo dudaron, se entregaron junto con su bebé Francisco de Paula. Tenían que estar junto a Lucía y Juana y el resto de la familia. A Nicolás lo dejaron en el Castillo de Santa Bárbara a pesar de todo. Pero Rosalía pudo ir con Lucía y con Francisco de Paula y con su madre Juana, la viuda de Baltasar y con sus tías y sobrinas y otras más de trescientas gitanas con sus niñas y niños pequeños… Al Castillo de Denia donde aún no hemos conseguido que el Ayuntamiento instale ni siquiera una placa que las recuerde.

No sabemos cuál fue el destino final ni de Lucía ni de la abuela Juana ni de Rosalía ni del bebé Francisco de Paula ni de Nicolás. Sabemos que Nicolás y Rosalía se sacrificaron por amor a su hija y a su familia. Podían haber huido. Podían incluso haberse disfrazado de payos y hasta abandonar toda seña identitaria gitana para confundirse, disfrazados de noviembre para no infundir sospechas, entre los campesinos payos. Ese amor fue su resistencia. Ese amor debe seguir siendo nuestra resistencia.

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Dos gitanas mirando el horizonte desde el Castillo de Santa Barbara, Alicante

Nota: este artículo ha tomado como base documental el artículo La Real Casa de Misericordia de Zaragoza. Cárcel de gitanas del profesor Gómez Urdáñez y los libros Nunca más, homenaje a las víctimas del proyecto de exterminio de la minoría gitana iniciado con la redada de 1749  y Los gitanos y las gitanas de España a mediados del siglo XVIII. El fracaso de un proyecto de “exterminio” (1748-1765) del Dr. Martínez Martínez

Nota II: Este articulo fue publicado originalmente en Pikara Magazine, revista feminista, el pasado 28 de julio http://www.pikaramagazine.com/2017/07/el-amor-como-arma-de-resistencia/

Te aves baxtali, bibie! ¡Felicidades Tía!

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«Que los sufrimientos de los gitanos también encontrarán un lugar en la historia de Alemania»

Dentro de tres días será el cumpleaños de la Tía Philomena Franz. Cumplirá 95 años ¡Dios la bendiga! Es un lujo tremendo tenerla aún entre nosotros y debemos celebrarlo.

No abundan las personas  gitanas mayores. No. Desde hace años hay evidencia científica de que la esperanza media de vida de la población romaní es menor. Así que el mero hecho de encontrar a una gitanica con 95 años ya es motivo de alegría. Además, en el caso de la Tía Philomena se dan unas circunstancias que hacen de su vida un verdadero milagro.

La Tía Philomena Franz nació el 21 de julio de 1922 en Biberach an der Riß, al sur de Alemania, en una familia de gitanos sinti que se dedicaban a la música.

Era la más pequeña de los 8 hijos de la familia. Su papa, Dios lo tenga en su Gloria, el Tío Johann Köhler, era violonchelista y su mama, que en Gloria esté, era cantante.

El Tío Johann tocaba en un cuarteto de cuerda que obtuvo en 1906 la “Rosa de Oro” que otorgaba el Príncipe  Wilhelm II de Württemberg  y que éste le entregó en propia mano. En 1942 fue asesinado en el Campo de Mauthausen.

Eran gitanos caseros, como diríamos los calós españoles, no eran nómadas. De hecho, la mayor parte de los gitanos y gitanas que cayeron víctimas del Samudaripen/Porrajmos (ya sabes, el genocidio antigitano durante el nazismo que se llevó por delante la vida del 80 % de la población gitana europea) no eran nómadas, vivían en sus casicas.

Desde noviembre de 1935 las leyes raciales de Nüremberg se aplicaron a los gitanos pero la Tía Philomena y su familia lograron esquivarlas hasta 1938 cuando fue identificada como gitana y tuvo que dejar la escuela secundaria ya que no estaba permitido que los alemanes no arios fueran a secundaria.

En 1939, entró en vigor el “Decreto de fijación” de los gitanos: todos los miembros de la familia tenían que registrarse en un censo específico que incluía la toma de las huellas digitales. A partir de ahí, no podrían viajar. La promulgación de este decreto pilló a la familia en un viaje de regreso de París, en su propio coche y con todos los instrumentos musicales que les fueron requisados. Ya no podrían actuar como músicos. Los convirtieron en mano de obra esclava ya que les obligaron a trabajar en fábricas. La Tía Philomena Franz fue obligada a trabajar como esclava en la empresa de municiones Haga de Stuttgart.

«Mi hermana y yo fuimos obligadas a trabajar en una fábrica de municiones. 12 o 14 horas al día. Todos los días. Sin mascarillas. Por nuestras manos pasaban cada día 150
bombas explosivas… En unos pocos días, los ojos y todo el cuerpo, me escocían y se me pusieron de color amarillo como un limón. Las fuerzas me abandonaron. ya no podía más. El supervisor se dio cuenta y me golpeó en la cara»

Fue deportada a Auschwitz desde su trabajo. Llegó el 21 de abril de 1944 y fue registrada con el número de prisionero Z-10.550. El 25 de mayo de 1944, como castigo por haber participado en la Insurrección la trasladaron al campo de concentración de mujeres de Ravensbrück. De allí también intentó huir. Fue capturada y ese intento de fuga le costó 10 días en la celda de castigo, sin ver la luz. Fue trasladada al Campo de concentración de Neuengamme de donde se escapó definitivamente: atravesó a nado el Río Elba y se refugió en casa de unos campesinos hasta que llegaron las tropas rusas.

El Samudaripen/Porrajmos se llevó por delante a sus padres, tíos, sobrinos, sobrinas y a cinco de sus siete hermanos. Uno de sus hermanos supervivientes incluso fue soldado de la Wehrmacht (el ejército alemán) como muchos otros gitanos. La mayoría de ellos fueron deportados desde el frente a los campos de concentración.

Su hermanica, a las que vio morir en Auschwitz, le dijo que renunciase a la venganza. Entonces le costó aceptarlo pero después ese mensaje le ha ayudado a vivir.

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Portada del libro Zigeunermärchen. Por desgracia, sólo está disponible en alemán

Su primer libro Zigeunermärchen (Cuentos de hadas gitanos) fue publicado en 1982,  dirigido al público infantil, no sólo contiene cuentos sino que la Tía Philomena aprovechó para introducir en él los usos y costumbres de los gitanos. Philomena sentía que la gente no consideraba iguales a los gitanos y con su libro pretendía cambiar el modo en que la gente nos mira de manera que los gachós se despertasen con una mirada más comprensiva.

En su segundo libro Zwischen Liebe und Hass, Ein Zigeunerleben (Entre el amor y el odio, una vida gitana, 1985), la Tía Philomena narró su biografía: su infancia feliz, la expulsión de la escuela, el trabajo forzado, Auschwitz y tener que empezar de cero. Es uno de los primeros libros escrito por uno de los supervivientes del Samudaripen/Porrajmos.

 

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Portada de su segundo libro. Tampoco está disponible en español

 

La Tía Philomena ha presentado su testimonio en instituciones educativas y medios de comunicación. La razón que la llevó a realizar esta labor en las escuelas es porque su hijo mayor, en 1960, sufrió experiencias de discriminación, de antigitanismo en la escuela de Colonia a la que iba. Los demás niños lo insultaban llamándole “sucio gitano”.

Pero poco a poco fue entendiendo que el hecho de haber sobrevivido al genocidio le otorga una responsabilidad en dar a conocer su experiencia como víctima de la persecución nazi. Además, como cristiana devota, estaba convencida de que Dios le había permitido sobrevivir con el fin de que pudiera informar al mundo.

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«Cuando amamos, somos ricos»

La Tía Philomena tiene una hija y cuatro hijos y vive en Colonia (Alemania).

Baxtalo tu dives, śeliberś te Ʒives! ¡Cumpleaños feliz!

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Las gitanas de Aragón también lucieron el bernó

O berno, el bernó en caló (la rodela en castellano) así se denominaba en romanó el tocado, el sombrero, antiguo que lucían las gitanas cuando llegaron a Europa y que siguieron llevando hasta bien entrado el siglo XVII.

Además del bernó, las gitanas vestían un manto anudado en el hombro y que caía hasta sus pies. Este manto se conjuntaba con una blusa blanca. Este era el famoso traje gitano que tanto empeño pusieron las leyes en prohibir.

Y este traje lo vestían las gitanas por todas partes de Europa, incluido España y sus diferentes regiones: Luis Morales, el Divino, pintó en Badajoz un buen puñado de vírgenes “gitanas”.

En Aragón también las gitanas llevaban este prohibido traje. Por eso Jerónimo Vicente Vallejo Cósida (1516 – 5 de abril de 1592), un pintor, escultor, arquitecto y orfebre renacentista que trabajó en la provincia de Zaragoza pudo incluir en una de sus obras más reconocida, El nacimiento de San Juan Bautista, a una gitana y su bebé.

Estaba Don Jerónimo especializado en la pintura mural y en los retablos de los que llegó a decorar más de veinticinco, aunque la mayoría se han perdido. Destacó por su trabajo minucioso —especialmente en el tratamiento de la figura femenina— y su gran capacidad de trabajo.

Se le atribuye haber introducido el rafaelismo en España, quizá como consecuencia de haberse formado en Valencia con Vicente Masip, ya que nunca viajó a Italia. Se le reconocen también influencias de Durero, sobre todo en el dibujo, que dominaba a la perfección. Fue asesor artístico de Hernando de Aragón, a la sazón Arzobispo de Zaragoza quien a su vez fue su principal mecenas, lo que le permitió trabajar en la Seo junto a Pietro Morone y mantener taller propio en la capital aragonesa.

Gran renovador e introductor de la pintura renacentista en Aragón, junto con el italiano Tomás Peliguet, su estilo destaca por lo minucioso del detalle, la elegancia de los gestos y rostros, la estilización del canon y las elaboradas composiciones espaciales.

Su lenguaje evoluciona a partir de mediados del siglo XVI hacia un manierismo que ha asimilado las enseñanzas de maestros como Rafael Sanzio —principal inspirador de su quehacer— o Leonardo da Vinci, como se puede apreciar en la tabla Nacimiento de San Juan el Bautista del retablo mayor de la Cartuja de Aula Dei, pintada en torno a 1580. En ella el personaje de Zacarías está tomado de Rafael y la señora de verde que lleva al bebé Juan Bautista, de Leonardo.

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«Tabla del nacimiento de San Juan el Bautista» del Retablo Mayor y Sagrario de la Cartuja de Nuestra Señora de Aula Dei, 1574-1585, óleo sobre tabla, 147 x 116,5 cm, Museo de Zaragoza

En la tabla se representa a Santa Isabel después del parto atendida por un grupo de mujeres que en primer término asean al niño. Zacarías, el padre de San Juan Bautista, se encuentra sentado junto al lecho y al fondo, visible tras una puerta abierta al paisaje, se incluye la visita de María a su prima Santa Isabel. Ésta destaca por su indumentaria blanca que contrasta con el rojo de la colcha y el verde del dosel, sobre el que se recortan las figuras de las mujeres que la acompañan. Predominan las líneas horizontales organizando la escena, solamente rotas por la diagonal que provoca la puerta abierta y la escena incorporada de la Visitación de la Virgen. La composición, el color y la elegancia de los gestos denotan un claro lenguaje manierista. El clasicismo renacentista se mantiene en la figura de Zacarías copiando modelos de Rafael, y en la de la mujer que sostiene al recién nacido inspirada directamente en Leonardo. En general en la escena predominan los tonos fríos que armonizan las formas y se ajustan a la delicadeza de las figuras femeninas, tratadas siempre por Cósida con dulzura y amabilidad.

La obra muestra una extraordinaria técnica y estilo, advirtiéndose elementos nuevos e influencias de los pintores flamencos Pablo Scheppers y Rolán de Moys.

Esta tabla formaba parte del banco del retablo mayor de la Cartuja de Aula Dei, uno de los grandes proyectos contratados al pintor Jerónimo Cósida por Don Hernando de Aragón, Arzobispo de Zaragoza.

El Retablo Mayor y Sagrario de la Cartuja de Nuestra Señora de Aula Dei estaba formado por siete tablas. En 1762 fue sustituido por otro de escultura que es el que podemos ver en la actualidad. Este monumental retablo le fue contratado a Vallejo Cósida a través del prior de la Cartuja, «con licencia y mandato» expreso de don Hernando de Aragón su mecenas, en enero de 1574. El artista se comprometía a hacer las figuras «muy bien pintadas de muy lindos colores y dibuxo». La iconografía del conjunto era la propia de la Orden Cartuja, que considera a la Virgen María, como su patrona y a San Juan Bautista como modelo. Es uno de los últimos grandes encargos que recibió Vallejo Cósida.

A la muerte de don Hernando surgieron problemas con la comunidad cartuja que retrasaron la conclusión y el cobro de su trabajo. En 1594, dos años después de la muerte del pintor, fue su hija Cándida quién recibió el pago de la obra.

Esta belleza se encuentra en el Museo de Zaragoza (Plaza de los Sitios, 6).

Se trata del museo más antiguo de la capital aragonesa y la sede principal (que alberga las secciones de arqueología y bellas artes) está ubicada en un edificio neorrenacentista construido para la Exposición Hispano-Francesa de 1908 por los arquitectos Ricardo Magdalena y Julio Bravo. Su diseño está inspirado en el Patio de la Infanta de la que fue casa del rico comerciante y mecenas del renacimiento aragonés Gabriel Zaporta.

El Museo de Zaragoza es la sede de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis, que es la fundadora del Museo, y alberga en las plantas segunda y tercera obras pictóricas y escultóricas que abarcan desde el siglo XII hasta el Arte Contemporáneo. Completan las colecciones una selección de pintura gótica, renacentista y barroca de ámbito aragonés.

Acoge también óleos de los principales pintores que desarrollaron su actividad en Aragón, entre los que destacan los de Jerónimo Cósida.

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La gitana con su bernó, sus pendientes, el broche con el que se sujeta el mantón, su pelo negro, su cara morena y su bebé ¿niña? (lleva pendientes)

Llama la atención que el detalle de la gitana suele pasar desapercibido para la crítica ¡no le echan cuentas a la gitanica los canallas!

A mí, me impresionan varias cosas: la belleza de esa gitana ¡con qué dulzura mira al santo niño!; que la gitana sea la única que lleva joyas y que el/la bebé sea el único personaje que mira al espectador.

¿Que a cuento de qué hemos publicado hoy este artículo? ¡Hombre! ¡¡¡Hace diez días que celebramos San Juan!!!

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De mi dolor te doy una rosa/Dav tuqe jekh ròza miri dukhatar /Of my pain I give you a rose

Adelir Carmen Lemos de Góes (recordemos la campaña “#SomostodasAdelir”), gitana brasileña a quien, en la madrugada del 1 de abril del 2014, 9 policías armados invadieron la casa amenazándola a ella y a su marido delante de sus dos hijos mayores y obligándoles a subirse a una ambulancia. Adelir fue arrestada, secuestrada, obligada a hacerse una cesárea sin su consentimiento. Además de obligarla a la cirugía le negaron el derecho a tener a su marido acompañándola durante el procedimiento, lo que en Brasil está garantizado por la ley federal. Aunque ella lo había dicho clara y específicamente, en la campaña de apoyo no se mencionó su pertenencia étnica, gitana, y que esos hechos, por tanto, se producían con un componente antigitano. Su identidad gitana (o más bien el hecho de que el antigitanismo estigmatice nuestra identidad) hizo posible la virulencia con la que fue tratada. Un caso claro de Violencia Etno-Obstetrica.

Dibujo para la campaña de apoyo a Adelir

Dibujo para la campaña de apoyo a Adelir

Doy por sentado que se comprende que la violencia obstétrica es parte de la violencia que se ejerce contra la mujer, parte del control y la apropiación patriarcal de nuestros cuerpos, como se puede ver en cualquier campaña de marketing. Como dice mi querida Prima Araceli Cañadas Ortega, gitana y profesora lectora de la Universidad de Alcalá de Henares, de la única asignatura de todo el sistema universitario español dedicada a la Historia y la Cultura Gitanas, no hay que dar nada por sentado. La violencia obstétrica es un tipo de violencia invisibilizada por las instituciones académicas, sumisas del sistema patriarcal capitalista, blanco y payo que durante siglos se han apropiado de nuestros cuerpos y nuestros procesos reproductivos, hasta el punto de no solo quitarnos el protagonismo en los momentos más vulnerables y maravillosos de nuestra vida, de la vida de las mujeres, sino además de vejarnos, humillarnos, rajarnos y acallar nuestras quejas.

Las mujeres gitanas sufren, sufrimos la suma o, mejor dicho, la multiplicación del racismo y del machismo. Sí, el machismo y el racismo interseccionan y victimizan a las gitanas, a nosotras. A esa confluencia o interseccionalidad de antigitanismo y machismo podemos denominarla gitanofobia/romofobia de género o podemos llamarla malasombra/malage/malafollá machista antigitana. Para gustos los conceptos.

Las mujeres gitanas sufrimos, como las otras mujeres pertenecientes a colectivos racializados, la opresión del sistema de dominación étnica en el que vivimos y la del sistema patriarcal que nos han impuesto los poderosos tal y como lo sufren todas las mujeres cualquiera que sea su adscripción étnica.

Fertilidad excesiva, hipersexualización, exótismo son los adjetivos prejuiciosos que nos etiquetan. En una sociedad en la que el Capitalismo y el Patriarcado han hecho que tener 1 hijo sea un milagro de la ciencia para mujeres con edades que rondan los 40, la mujer gitana sigue siendo estigmatizada por los casamientos y embarazos “tempranos” cuando en la mayoría de ocasiones estos embarazos y casamientos son por nuestra libre decisión a pesar del tópico estereotípico que afirma nuestra sumisión: no es verdad que la cultura gitana sea más machista ni más patriarcal que la cultura de la sociedad mayoritaria (si es que algo así como una cultura de la sociedad mayoritaria existe).

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Jacques Leonard, El Payo Chac (Barcelona 1960’s)

La Tía Alexandrina da Fonseca (2009) dice desde hace años y a quien quiera oírla: “Nuestra evolución y desarrollo no debe pasar por una pérdida de nuestra identidad cultural, ya que esto repercutiría negativamente en nuestra autoestima, autoconcepto y seguridad en nosotras mismas”

Y esto es lo que se pretende desde los innumerables programas y proyectos: “integrarnos”.

Como dice mi compañero de vida, y marido “lo que no se ve es invisible”.

Y el Feminismo Gitano se invisibiliza de una manera brutal, mi pensamiento y opinión no es nada nuevo, hay muchísimas mujeres escribiendo, difundiendo sobre esta cuestión, como la Prima y profesora (Universidad Rutgers) Ethel Brooks, o la Prima y socióloga Nicoleta Bitu o, en España, la Tía Alexandrina da Fonseca. Mujeres que, junto a mi abuela y mi suegra, han causado en mi vida un antes y un después, ejemplo de lucha feminista romaní, invisibilizadas por el Antigitanismo y por el Machismo.

Las gitanas somos sometidas a las mismas prácticas de violencia obstétrica que las demás mujeres añadiéndole un plus, una ración extra, de violencia que podemos denominar etno-obstétrica: la violencia obstétrica en nosotras, en las gitanas, llega a agresiones que no se dan en las mujeres payas de nuestro entorno. Además en nuestro caso, no es solo violencia obstétrica ejercida desde la institución médica, si no desde más instituciones como pueden ser los servicios sociales. Y no sólo me refiero a los casos extremos de esterilización forzada y/o no informada que se han producido en ¡¡¡Europa!!! sino también a las agresiones cotidianas y que  son generalmente minimizadas por las propias mujeres blancas, payas (católicas, ateas o agnósticas) que incluso afirman que a ellas les pasa lo mismo. No, no es así, sufrimos tanto en los embarazos como en los partos, postpartos y periodos de lactancia vejaciones y maltratos no solo como mujeres sino específicamente como gitanas.

La violencia etno-obstétrica afecta, con su propia especificidad, a las otras mujeres racializadas con las que habitualmente trato: musulmanas (sobre las que golpea la islamofobia de género), afrodescendientes y latinas.

Las gitanas somos sometidas en diferentes lugares de Europa ‒sí, sí Europa‒ a la esterilización sin nuestro consentimiento. Chequia y Eslovaquia han sido condenadas por ello pero esta práctica continúa.

 

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Coercive and cruel. Sterilisation and its Consequences for Romani Women in the Czech Republic ( ERRC, 2016)

La Prima Ethel Brooks, citando un informe elaborado por Ruth Weinberger[i] para el Centro de Derechos Reproductivos de la Ciudad de Nueva York que documentaba al menos 110 casos de esterilización forzada de mujeres romaníes, documenta el racismo extenso y los abusos verbales y físicos hacia las mujeres romaníes en hospitales públicos, incluyendo la negación del acceso de las “pacientes” a sus propios registros médicos y la segregación en las habitaciones, maternidades, baños y comedores. Weinberger  (Brooks, 2009) afirma que “el temor de aumentar el tamaño de la población romaní fue y continúa siendo una fuerza motriz para justificar las violaciones de los derechos reproductivos contra las mujeres romaníes”.

Otro estudio reciente, de las profesoras Watson y Downe (2017), revela que muchas mujeres romaníes se encuentran con barreras para acceder a la atención de maternidad. Incluso cuando son capaces de acceder a la atención, pueden experimentar maltrato que es discriminatorio sobre la base de su origen étnico, situación económica, lugar de residencia o idioma.

Sin llegar a esos extremos que sufren nuestras primas de los países centroeuropeos, las gitanas españolas padecemos una gitanofobia de género constante, permanente, de manera que nos acostumbramos y ya nos parece normal que entremos a una tienda e ipso facto acuda el guarda jurado y nos siga por todo el comercio o que los proyectos de “integración” destinados  a mujeres gitanas sean en su esencia de planificación familiar o tengamos “asignada” una habitación específica para gitanas en las plantas de maternidad. Esto es algo que las gitanas de cada ciudad de España sabemos, es un protocolo invisible que se sigue en cada rincón de España, pero que no se dice ni hay estudios sobre ello.

Esto me demuestra que no estoy “loca” ni soy “exagerada” en mi temor de pensar que cada día cientos de mujeres gitanas somos invadidas y embuchadas de hormonas anticonceptivas sin que nos expliquen las contraindicaciones o efectos negativos de ellos, además de no estar mal encaminada en los casos en los que se nos convence para la esterilización o en el aumento de las tasas de cesáreas en la mujer gitana que lleva a un control de natalidad. Me lo demuestran estos estudios que aquí en España no hay ni están en pensamiento de ningún gobierno o institución. Además de que en cualquier programa o proyecto de intervención en la población gitana (de cualquier parte de España) Hablar de mujer gitana es hablar de planificación familiar, estos programas se hacen y diseñan por Hombres (en su mayoría) y payos (en su totalidad). No es un problema verbalizado por el Pueblo Gitano, si no que se ve como un problema desde las instituciones y gobiernos y se ataja dando instrucciones para el control de natalidad, convenciéndonos desde hace años de que para “liberarnos y trabajar” lo primero es no tener tantos hijos.

Volvemos al control Capitalista del asunto: “La planificación familiar permite que las personas tomen decisiones bien fundamentadas con relación a su salud sexual y reproductiva. Brinda además la oportunidad de que las mujeres mejoren su educación y puedan participar más en la vida pública, en especial bajo la forma de empleo remunerado en empresas que no sean de carácter familiar. Tener una familia pequeña propicia que los padres dediquen más tiempo a cada hijo. Los niños que tienen pocos hermanos tienden a permanecer más años en la escuela que los que tienen muchos” (Centro de prensa de la OMS, diciembre de 2016).

En España no ha habido ni denuncias ni condenas, claro, pero a todas las gitanas, en cuanto que tenemos 2 o 3 hijos –en mi caso ha sido al segundo embarazo, a mis 30 años‒ nos aconsejan que nos hagamos la ligadura de trompas no vaya a ser que llenemos España y el mundo de gitanillos y gitanillas. Esta cuestión se minimiza constantemente cuando lo planteo en foros de maternidad. En España no hay estudios sobre la violencia etno-obstetrica (la interseccionalidad del racismo y la violencia obstétrica) o, en este caso, no hay estudios sobre la violencia obstétrica antigitana.

Lo más cercano que podemos obtener en español y en relación a la violencia obstétrica antigitana se encuentra en La Parra & Jiménez (2015). Aunque ni mi marido (sí, sí, tras ese Jiménez se camufla mi marío) ni el profesor Daniel La Parra hablan directamente de V.O pero sí que hacen referencia a la salud de las gitanas españolas: “En el 2006, los datos de la encuesta de salud dirigida a la población romaní indicaron que el estado de salud auto percibido de los hombres y mujeres romaníes se encontraba en los niveles de los grupos sociales peor situados en la escala ocupacional en la población general. Se halló, además, que las mujeres gitanas eran el grupo social más desfavorecido respecto a algunos problemas de salud específicos”.

Si buscas en google “porteo” o “lactancia materna” y les añades “gitanas” encontrarás decenas de páginas en las que se relatan vivencias de mujeres blancas, payas, europeas que dicen sentirse discriminadas porque cuando van por la calle amamantando a sus bebés las insultan diciendo que parecen gitanas y lo mismo ocurre en relación al porteo. Incluso he encontrado páginas y blogs reprendiéndonos a las gitanas por haber perdido la tradición del porteo o del amamantamiento.

Se sienten insultadas. No respetan esa tradición más cercana que la de sus propias abuelas, no respetan a la mujer gitana a la que compraban zapatos baratos en el mercadillo mientras en la teta tenía a su chavorrillo.

Esto me lleva a lo que la otra noche me explicaba mi hermano José Heredia Moreno de la teoría del espejo (las identidades especulares, es un concepto aún en elaboración por este politólogo gitano), en la que cabe perfectamente la idea de que en los años 60 cuando la moda del biberón, el potito y la libertad de la mujer era la moda más feminista y cuando los hijos eran motivo de esclavitud en la mujer de la sociedad mayoritaria, las mujeres gitanas no llegábamos ni al yogurt ni al potito de farmacia y seguíamos con nuestras tetas llenas de leche y el puchero aplastao con el tenedor.

Ahora nos critican por todo lo contrario: cuando la moda es llevar a los niños descalzos porque el pediatra-famoso-con-artículo-científico-publicado lo recomienda, la lactancia es una práctica por la que luchar o el parto es motivo también de lucha feminista, para volver a lo natural, digo, que nos critican el querer medicalizarnos mucho, el poner zapatos a los niños o de ya no dar la teta ni portear. Así continuamente.

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La Revolución de las Rosas Romaní, I Rromani Rozenqe Revolùtia [movimiento pacífico y global contra la Violencia obstétrica ]  nace de ese pensamiento, de todas ellas, referentes en mi vida, de mi mala experiencia en mi parto , de mis hijos, de mi familia y por supuesto de la sororidad de  las mujeres como Jesusa Ricoy quien no ha dudado en dar espacio, apoyar y escuchar la visión gitana, desde el respeto y proyectando el protagonismo de mi propia voz y de las voces de mis primas, de mis hermanas, de mis tías y de mis abuelas.

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Recordad que este es un espacio para dar visibilidad a la violencia obstétrica antigitana y que no vamos a consentir en él ni el más mínimo atisbo de apropiación cultural ni de banalización de nuestro dolor.

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Jacques Leonard, El Payo Chac (Barcelona 1960’s)

Referencias

-Brooks, E. (2009) (Mis)Recognitions: romanies, sexualities, sincerities. Nevi Sara Kali Roma Women’s Journal, 1, 21-29(20.05.17)

-Da Fonseca, A. (2009) La mujer gitana en el siglo XXI. Anales de Historia Contemporánea, 25, 233-238 (20.05.17)

-La Parra, D. & Jiménez, N. (2015) Sastipen aj Rroma. Desigualdad en salud y comunidad gitana. Alicante: Universidad de Alicante/FAGA/UNGA.(20.05.17)

-Watson, H. L. & Downe S. (2017)Discrimination against childbearing Romani women in maternity care in Europe: a mixed-methods systematic review. Reproductive Health, 14:1, 1-16 (20.05.17)

WHO MEDIA CENTRE (2016)  (23.05.17)

[i] Ruth Weinberger, ha escrito sobre la esterilización forzada de mujeres romaníes en eslovaquia, comparandolo con la experimentación medica durante el Holocausto.