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Aleksandr Vyacheslavovich “Germano”, padre de la literatura gitana

Nació el  6 de junio de 1893 en la aldea de Startsevo-Lepyoshkino perteneciente a la ciudad de Orel, capital de la homónima provincia rusa y faltó en Moscú el 22 de abril de 1955. Fue escritor, poeta, dramaturgo, recopilador del folklore gitano ruso y traductor de los clásicos rusos al romanó.

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Portada de uno de sus primeros libros. Era un libro dirigido a promover la ideología soviética entre los niños

Sus padres habían emigrado desde el Imperio Austrohúngaro a Rusia. Su papa, Vatslav, era un gachó de origen checo que se dedicaba a la fontanería y su mama, Carolina, una romí de Moravia, una región histórica checa.

Quiso la casualidad que su madrecica lo trajera al mundo mientras asistían a una boda. La gitana, pese al embarazo, estuvo bailando alegremente; se sintió indispuesta; se retiró del corro; y fue a parir al Tío Aleksandr en medio de un huerto de coles (muchas veces he escuchado decir “eres más gitano que las coles”, jijiji).

Era el menor de 11 hermanos. Su padre, por desgracia, faltó poco después de que él naciera. Vivió junto a su mama hasta los 8 años y, a partir de entonces, el Tío Alensandr, llamado Sasha, fue criado por su hermana mayor Anna Vyacheslavovna.

Aunque fue a la Escuela Superior de Comercio de Kiev no pudo terminar sus estudios a causa de la I Guerra Mundial en la cual combatió.

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De joven

Tomó parte en la Revolución de Octubre (1917) y participó en la Guerra Civil Rusa.

Sus primeras obras, la novela corta «Иван Талыго» (Ivan Talygo) y el ensayo «Червь грызёт» (El gusano roe), fueron publicadas en 1915, cuando solo contaba 22 años de edad, en un volumen colectivo titulado “Ciudadanos de Orel a las víctimas de la Guerra” cuya recaudación fue destinada a la asistencia a los heridos y discapacitados. Su participación en esta obra colectiva le reportó un gran éxito a nivel local. La crítica ha valorado especialmente el ensayo que a pesar de su corta extensión constituye en su esencia, filosófica y lírica, una meditación sobre la fugacidad de la vida, la sabiduría de la vejez y la inminente oscuridad del vacío al final del camino terrenal de cada persona. Y sorprende además que esta reflexión viniera de un joven de 22 años.

El 3 enero de 1919 fue reclutado por el Ejército Rojo y tras ser licenciado comenzó a escribir como colaborador del periódico local “Орловская правда”, la verdad de Orel, donde publicó su primera colección de cuentos  en 1921 “Былые зарницы”, el rayo de la mañana.

Se involucró en la vida cultural y social de Orel de manera que no había un evento en el cual no participara: se convirtió en editor de la Revista Literaria Infantil “Первоцвет” (Primavera), participó en la creación de la Organización de Escritores de Orel, en la constitución de la Universidad Proletaria, en la creación del Museo Turgeniev…

Para entonces ya era un escritor y dramaturgo de cierto éxito. De su pluma salieron más de 100 cuentos, ensayos, folletines, obras de teatro… Algunas de sus obras de teatro se representaron en el teatro de Orel.  Fue especialmente exitosa una pequeña obra satírica de un acto sobre la burocracia “En una institución determinada” que no es en absoluto obsoleta sino que sigue siendo aplicable a los tiempos modernos. Y en los días de Germano tuvo un éxito rotundo. Por primera vez fue escenificada por el Teatro Municipal de Orel, tras lo cual entró en el repertorio de grupos aficionados no sólo de Orel sino también de provincias vecinas. Esta obra se representó unas trescientas veces

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De mayor

En 1926 se traslada a Moscú y empieza a dedicarse a la cultura y a la literatura gitana en romanó.

Aunque su lengua materna era el ruso (su mama hablaba romanó pero cuando se trasladaron a Rusia, toda la familia aprendió ruso y esa era la lengua que se hablaba en su casa), el Tío Aleksandr convivió con gitanos errantes para aprender romanó. Él se consideraba a sí mismo como un Aleko (el personaje de Pushkin) redivivo. Recordemos que Aleko era un gachó que por amor a la libertad se une a un grupo gitano creyendo que allí encontraría la verdadera felicidad pero acaba entendiendo que ni siquiera entre gitanos existe la libertad absoluta. Aunque la intención del Tío Aleksandr no era retomar el ideal de la libertad y el viaje sino más bien entender cómo eran los gitanos para tratar de promover en ellos la ideología soviética: él había crecido fuera de ese ambiente gitano y había asumido la ideología revolucionaria y quería que los demás gitanos se incorporasen al orden soviético y para ello tenía que conectar con los gitanos andarríos.

No obstante, podemos considerarlo uno de los padres de la literatura gitana y, por supuesto, el fundador de la literatura soviética gitana ya que fue el primero en publicar una novela en romanó.

Durante la campaña para la liquidación del analfabetismo y el fomento de la escritura para las minorías étnicas, en mayo de 1927, el Comisariado del Pueblo para la Educación de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia planteó la cuestión de crear un alfabeto para el idioma gitano escrito y fue a Germano a quien se le encargó la creación del alfabeto gitano (aunque no fue el único que lo desarrolló) en el que escribió los primeros trabajos en lengua gitana.

Aquel mismo año de 1927 se creó la revista sociopolítica y literaria “Романы Зоря” (Romani zorya –en romanó escrito con alfabeto ruso-, amanecer gitano), una de las primeras revistas gitanas del mundo, y él devino su secretario. Allí empezó a publicar sus relatos en romanó sentando las bases de la futura literatura gitana en romanó.

Su primera obra en romano “Руверо” (ruvoro, lobezno) apareció en noviembre de 1927 en la Revista Romani Zorya.

Sus temas favoritos fueron los que tenían que ver con la vida gitana anterior a la Revolución Rusa, planteando críticas al viejo modo de vida patriarcal y a las supersticiones aunque también describe de un modo realista la vida nueva, los reasentamientos, las dificultades de los gitanos para vivir en ese nuevo mundo soviético que exige el fin de su modo de vida y su asentamiento para integrarse en las nuevas estructuras productivas: las grandes factorías y las granjas colectivas. En sus poemas quedan reflejadas esas contradicciones, esas tensiones entre la vida antigua y la moderna.

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Los fundadores del Teatro Romen. El cuarto por la izquierda era el Tío Aleksandr

En 1931 comenzó la vida del Teatro Romen (que significa “para los gitanos”) de Moscú del que el Tío Aleksander fue uno de sus fundadores. Por primera vez, se creó un teatro en el cual autores gitanos llevarían a la escena sus propias voces, vivencias y anhelos y lo harían en romanó. La primera obra escenificada en este teatro, el 21 de diembre de 1931, fue la obra de Germano “Vida sobre ruedas”. Se quedó durante mucho tiempo en el repertorio del teatro donde fue representada más de 1200 veces. El papel principal fue brillantemente interpretado por la famosa actriz Lyalya Chernaya de quien hablaremos en otra ocasión.

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Vista actual del Teatro Romen, en Moscú, aún en activo

Entre 1927 y 1938, el Tío Aleksandr escribió unas 30 obras –cuentos, poemas, teatro, ensayos etnográficos,  etc..- en romanó. Algunas de sus obras teatrales tuvieron tanto éxito que fueron representadas más de 1000 veces.

También tradujo al romanó las obras de Pushkin y otros clásicos rusos.

Además elaboró varios libros de texto escolares sobre la lengua y la cultura gitana.

En 1934 se convirtió en miembro de la Unión de Escritores de la Unión Soviética.

Durante la Segunda Guerra Mundial permaneció en Moscú y participó en lecturas de poesía y cuentos en los hospitales para los heridos de guerra.

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Portada del libro Djàna neve Roma, vienen gitanos nuevos. En este ensayo promueve la ideología soviética

Por desgracia, a partir de 1940 el Teatro Romen dejó de hacer todas sus representaciones en romanó y fue introduciendo el ruso lo que le abrió a otros públicos pero hizo que se perdiera su capacidad de promoción de nuestra lengua.

Las obras literarias del Tío Aleksandr permanecen descatalogadas y prácticamente imposibles de conseguir.

El Tío Aleksandr Germano es uno de los héroes del panteón de la causa gitana ya que participó en todos los movimientos que dieron lugar al florecimiento de la cultura gitana en Rusia y eso tuvo sus repercusiones en el mundo.

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En Orel tiene una calle dedicada a su memoria

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Antonio Solario “Lo Zingaro”, pintor por amor

Antonio Solario, llamado “Lo Zingaro”, es decir, “el Gitano” fue un pintor italiano de la época renacentista sobre el cual se plantean algunas polémicas.

Primera polémica: ¿Fue realmente gitano? Se sabe que su padre, Giovanni di Pietro, fue fragüero y que él aprendió el oficio y trabajó junto a su padre. Así mismo, se sabe que ejercían la herrería de manera itinerante, de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad. De ahí podría venirle el apodo. También se sabe que viajó por toda Italia para aprender el oficio de pintor y, según parte de la crítica, ese viaje podría ser la razón por la cual fue apodado “Lo Zingaro”.

¿Qué opino yo? ¡Que siñaba caló! Sí, sí, que era de verdad gitano. Y si no os lo creéis dicadle la muy, miradle su carica, jijiji

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Parece ser que el Tío Antonio Solario incluyó su autorretrato en uno de los frescos que componen la Vida de San Benito. También se cree que los dos hombres que están a su lado eran sus ayudantes

Segunda polémica: ¿Cuándo vivió? Unos autores lo sitúan entre el siglo XIV y el siglo XV mientras que otros afirman que vivió entre el XV y el XVI. Si damos por buena como fecha para su nacimiento la de 1382 (Dominici, 1752)  tendremos que asumir que o vivió más de ¡¡140 años!! o no pintó todo lo que se le atribuye. En cambio si damos por buena como fecha para su nacimiento la de 1465 ¡¡es imposible que conociera a los pintores y personajes históricos que se dice que conoció!!

¿Qué opino yo? Pues que o bien hubo al menos dos pintores con el mismo nombre o que hay una confusión en las fechas. Dado que su obra más reconocida –los frescos de la vida de San Benito- está datada entre 1495 y 1515, aceptaremos pues que nació en 1465.

Tampoco está claro dónde nació. En algunas de las obras que se le atribuyen firma como “Antonio Solario el veneciano”. También se ha dicho que era napolitano pero parece que nació en Civita, cerca de Chieti, en la Región de los Abruzzos (Italia). En esta región, desde hace siglos, viven muchos gitanos que se autodenominan Rom abruzzesi.

Como pintor, el Tío Antonio Solario inició un modo nuevo de pintar que se conoce como escuela Zingarescha, es decir, escuela gitana.

 

 

Este tríptico se encuentra en el Bristol Museum & Art Gallery (Reino Unido). En él vemos a Santa Úrsula (derecha), la Virgen con el Niño y San San José (centro) y Santa Catalina de Alejandría (izquierda)

De hecho, el Tío Antonio fue maestro de varios pintores muy reconocidos entre los que cabe citar a Angiolillo “Rocca di Rame” y a Nicolas Vito.

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Madonna con Bambino in trono e santi, 1490-1500, Museo capitolare di Atri (Italia)

Su aportación principal es la composición de las perspectivas, con la incorporación de paisajes y figuras ornamentadas que dotan de vida al conjunto. Así mismo, se destaca el buen uso del color y la dulzura, la suavidad, de la luz.

 

 

Claustro del Plátano de la Iglesia de los Santos Severino y Sossio (Nápoles, Italia)

Se le atribuyen varias obras notables pero su obra más celebrada es la monumental colección de 20 escenas de la vida de San Benito pintadas al fresco en el Claustro del Plátano de la Iglesia de los Santos San Severino y San Sossio de Nápoles, actual sede del Archivio di Stato di Napoli. Por desgracia, este magnífico conjunto de pinturas sufre actualmente un gran deterioro fruto de la humedad.

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Una de las escenas de la Vida de San Benito conocida como Miracolo del crivello en la cual San Benito repara milagrosamente el tamiz que se le había roto a Cirila

A pesar de su trascendencia para la historia del arte no es uno de esos pintores que todo el “mundo” conoce. Tampoco se le suele incluir en la historia de la cultura gitana.

 

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Escena de la Vida de San Benito en la cual vemos que recibe a San Mauro y San Plácido niños. En la izquierda vemos el autorretrato del Tío Antonio Solario y sus ayudantes

Para mí, la parte más interesante de la vida del Tío Antonio comienza cuando llega a Nápoles junto con su padre. Un famoso pintor de entonces, Colantonio del Fiore, le encarga que le forje algunos utensilios. El pintor queda no sólo satisfecho sino maravillado de las buenas hechuras que el Tío Antonio se diñaba con el hierro de manera que Colantonio le pide que vaya a su casa para encargarle más cosas y mientras está en la casa trabajando conoce a Angelica, la hija de Colantonio, de la cual se enamora.

Angélica también se enamora de él por lo que el Tío Antonio decide pedir su mano a lo que Colantonio se opone puesto que en aquella época el trabajo de herrero estaba estigmatizado y considerado como infame. En ese momento, el Tío Antonio recuerda que Colantonio le había dicho que dibujaba muy bien y que con un poco de entrenamiento podría incluso pintar y le lanzó la siguiente pregunta: ¿me concedería la mano de Angelica si yo fuera pintor? A lo que Colantonio le contestó que claro, pero no a un pintor cualquiera, sino a uno que fuera un maestro como lo era él mismo. Ante esto, el Tío Antonio le propuso que le concediera un plazo de diez años para formarse y que entonces volvería para desposar a Angelica si ella estaba de acuerdo en esperarle todo ese tiempo. Angelica accedió y el Tío Antonio consiguió que Colantonio se comprometiera ¡¡ante la Reina Giovanna II de Nápoles!! a concederle la mano de Angelica en caso de que antes de que se cumplieran diez años él regresara convertido en pintor de prestigio.

¡Ah! ¡El amor!

Decía el Beni de Cádiz que lo más grande que había hecho por amor había sido pintar un piso. Pues el Tío Antonio Solario se hizo pintor por amor ¡¡Qué grande!!

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La Virgen con el Niño entre San Pedro y San Francisco (oleo sobre tabla, 118 X 92 cm), Pinacoteca del Castello Sforzesco (Milán, Italia)

Para lograr que Colantonio le concediera la mano de Angelica el Tío Antonio viajó por toda Italia y aprendió a pintar con los mejores pintores de entonces. Tan bien se le daba la pintura que bastante antes de que se cumpliera el plazo de diez años ya se le reconocía especialmente por sus retratos de la cabeza de San Juan el Bautista. Así pues, cuando se habían cumplido poco más de nueve años de su promesa regresó a Nápoles y se presentó ante la Reina Giovanna con un retrato de la Virgen. La Reina valoró que era una gran obra de arte pero como no se fiaba le dijo que pintara un retrato de ella misma. Y así lo hizo. En ese momento, la Reina hizo llamar a Colantonio y le mostró ambas pinturas para que las valorase. Colantonio dijo que eran obras maestras así que la Reina llamó al Tío Antonio para que Colantonio descubriera quién era el autor de aquellas obras de arte y colorín colorado, comieron perdices, etc…

Como habréis visto, más parece una novela que una realidad. De hecho, las fechas en que reinó la Reina Giovanna II de Nápoles no casan con las fechas en que debió vivir el Tío Antonio pero… si non è vero, è ben trovato!! Es decir, si no es verdad al menos parece verosímil.

 

 

Parece ser que en esta escena de la vida de San Benito (por desgracia, muy mal conservada), conocida como “el santo ordena la abolición del templo de Apolo en Cassino”, el Tío Antonio incluyó a unas gitanas… ma, chi lo sa? ¿Quién chanela?

¿Por qué creo que realmente el Tío Antonio Solario era gitano?

1º) por la frase que dijo Colantonio cuando se vio obligado a consentir el matrimonio de su hija: “Doy mi hija a la virtud que no al nacimiento de este hombre”, es decir, así expresaba, a mi entender, que aunque Antonio era gitano de nacimiento por medio de la virtud había alcanzando un prestigio que le convertía en persona de honra suficiente como para desposar a su hija;

2º) porque la mayor parte de la crítica se ha empeñado en desmentir que fuera gitano, afirmando que el mote le vino por su modo de vida errante y no por serlo étnicamente.

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Música gitana de Gales

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El Tío John Roberts conocido como Telynor Cymru, el harpista de Gales

El harpa es el instrumento fundamental de la música gitana tradicional del País de Gales (Wales en inglés y Cymru en galés, Reino Unido). Esta antigua nación celta conserva un tipo propio de arpa (sí, sí, con o sin hache está bien escrito, jijiji), el harpa celta. El harpa (me gusta más escribirlo con hache, jijiji) es uno de los instrumentos musicales más antiguos.

 

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Aunque los gitanos galeses han creado un estilo musical propio en torno al harpa no son los únicos gitanos que han tocado el harpa: recordemos que la familia de la poetisa gitana polaca Bronislawa Wajs “Papusza” eran también harpistas.

Este 2017 se cumplen 201 años ¡¡Qué nos gustan las efemérides barrocas!! Del nacimiento del Tío John Roberts apodado “Telynor Cymru” (harpista de Gales en galés). Ya tenía que tocar bien el Tío John para que en una tierra de harpistas se singularizara en él dicho título.

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El Tío John Roberts, el harpista de Gales, ya de mayor

Era el hijo mayor de John y Sarah. Su papa, John, siñaba un gachó que estuvo como soldado en la Batalla de Waterloo y cuando regresó, estando trabajando en el campo vio salir del bosque a Sarah y se enamoró perdidamente de ella.

Sarah siñaba romí y ni la familia del jambo John ni la de la gitana Sarah camelaban que se romandiñaran, o sea, ni la familia de Sarah ni la familia de John querían que se quisieran y se casaran. Pero se casaron ¡Oh! ¡Triunfó el amor! Pero para aceptar ese matrimonio, la familia de Sarah puso dos condiciones: 1ª) que pelease un combate de boxeo gitano (sin guantes) contra un primo de Sarah que también la camelaba; y 2ª) que trajera patatas, queso y un barril de cerveza para celebrarlo.

Sarah y John tuvieron 8 hijos el primero de los cuales, como ya hemos dicho, fue John el harpista.

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El Tío John Roberts con su harpa preparada para viajar

Cuando era niño, el Tío John el harpista viajó junto a sus padres y la familia Wood (famosa familia gitana galesa, de larga tradición musical): dormían en tinaos, en graneros o en tienda de campaña o telones; transportaban sus pertenencias en caballos, mulas y burros; y los ríos les servían para el aseo y para coger agua para beber o preparar la comida y también para pescar las ricas truchas galesas.

La Tía Sarah, junto a las demás mujeres, iba de puerta en puerta diciendo la buenaventura y los hombres se ofrecían a los campesinos para hacer un trato, arreglar una valla o un tejado o recoger una cosecha. Hombres y mujeres ofrecían sus músicas a los campesinos que aprovechaban para echarse unos bailes al son de los violines y las harpas.

¡Ah los buenos tiempos! Pero también pasaban boqui y gil, mucha hambre y frío. Así que el joven John, con solo 14 años se alistó como tambor en los Royal Welch Fusiliers (Los Fusileros Reales de Gales, un regimiento de infantería).

Tras 9 años de servicio, dejó el ejército para casarse con Ellinor Wood, gitana de güeña rama ¡Biznieta del gran Abram Wood! ¡Tú verás! Con quien tuvo ¡13 hijos!

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El Tío John y sus hijos, los trovadores de Gales

Ganó premios, tocó para el Gran Duque de Rusia y para el Rey de Bélgica y con sus hijos creó The Cambrian Minstrels (Los Trovadores de Gales) donde sus hijos tocaban el harpa, el violín, el chelo, el contrabajo, el flageolet (un tipo de flauta) y el flautín piccolo, que fueron requeridos por la nobleza para amenizar sus mejores fiestas llegando incluso a tocar en 1889 para la Reina Victoria.

El Tío John, “Telynor Cymru”, el harpista de Gales, hablaba, escribía y leía en galés, en inglés y en ¡¡romanó!! de manera que, en sus últimos años, el Tío John mantuvo una rica correspondencia con el gitanólogo (gipsylorist) Francis Hindes Groome que era entonces el editor del Journal de la Gypsy Lore Society (la revista gitanológica más antigua editada por la más antigua asociación de payos encantados de investigar a los gitanos sin importarles un pimiento los propios gitanos y gitanas ¡Eah! ¡No hay nada nuevo bajo el sol!) y que publicó algunos extractos de dichas cartas tanto en Gypsy Folk Tales (por 11 eurunos puedes adquirir una pésima traducción que editó Miraguano hace años) como en In Gipsy Tents (no conozco ninguna versión española).

Los hijos e hijas del Tío John, el harpista de Gales “Telynor Cymru” continuaron esta tradición que llega hasta la actualidad con su bisnieta Eldra Jarman ¡Dios la tenga en su Gloria! Que escribió su autobiografía y la publicó en galés con el título “Sipsiwn Cymreig” posteriormente traducida al inglés como “The Welsh Gypsies: Children of Abram Wood”.

 

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Las gitanas de Aragón también lucieron el bernó

O berno, el bernó en caló (la rodela en castellano) así se denominaba en romanó el tocado, el sombrero, antiguo que lucían las gitanas cuando llegaron a Europa y que siguieron llevando hasta bien entrado el siglo XVII.

Además del bernó, las gitanas vestían un manto anudado en el hombro y que caía hasta sus pies. Este manto se conjuntaba con una blusa blanca. Este era el famoso traje gitano que tanto empeño pusieron las leyes en prohibir.

Y este traje lo vestían las gitanas por todas partes de Europa, incluido España y sus diferentes regiones: Luis Morales, el Divino, pintó en Badajoz un buen puñado de vírgenes “gitanas”.

En Aragón también las gitanas llevaban este prohibido traje. Por eso Jerónimo Vicente Vallejo Cósida (1516 – 5 de abril de 1592), un pintor, escultor, arquitecto y orfebre renacentista que trabajó en la provincia de Zaragoza pudo incluir en una de sus obras más reconocida, El nacimiento de San Juan Bautista, a una gitana y su bebé.

Estaba Don Jerónimo especializado en la pintura mural y en los retablos de los que llegó a decorar más de veinticinco, aunque la mayoría se han perdido. Destacó por su trabajo minucioso —especialmente en el tratamiento de la figura femenina— y su gran capacidad de trabajo.

Se le atribuye haber introducido el rafaelismo en España, quizá como consecuencia de haberse formado en Valencia con Vicente Masip, ya que nunca viajó a Italia. Se le reconocen también influencias de Durero, sobre todo en el dibujo, que dominaba a la perfección. Fue asesor artístico de Hernando de Aragón, a la sazón Arzobispo de Zaragoza quien a su vez fue su principal mecenas, lo que le permitió trabajar en la Seo junto a Pietro Morone y mantener taller propio en la capital aragonesa.

Gran renovador e introductor de la pintura renacentista en Aragón, junto con el italiano Tomás Peliguet, su estilo destaca por lo minucioso del detalle, la elegancia de los gestos y rostros, la estilización del canon y las elaboradas composiciones espaciales.

Su lenguaje evoluciona a partir de mediados del siglo XVI hacia un manierismo que ha asimilado las enseñanzas de maestros como Rafael Sanzio —principal inspirador de su quehacer— o Leonardo da Vinci, como se puede apreciar en la tabla Nacimiento de San Juan el Bautista del retablo mayor de la Cartuja de Aula Dei, pintada en torno a 1580. En ella el personaje de Zacarías está tomado de Rafael y la señora de verde que lleva al bebé Juan Bautista, de Leonardo.

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«Tabla del nacimiento de San Juan el Bautista» del Retablo Mayor y Sagrario de la Cartuja de Nuestra Señora de Aula Dei, 1574-1585, óleo sobre tabla, 147 x 116,5 cm, Museo de Zaragoza

En la tabla se representa a Santa Isabel después del parto atendida por un grupo de mujeres que en primer término asean al niño. Zacarías, el padre de San Juan Bautista, se encuentra sentado junto al lecho y al fondo, visible tras una puerta abierta al paisaje, se incluye la visita de María a su prima Santa Isabel. Ésta destaca por su indumentaria blanca que contrasta con el rojo de la colcha y el verde del dosel, sobre el que se recortan las figuras de las mujeres que la acompañan. Predominan las líneas horizontales organizando la escena, solamente rotas por la diagonal que provoca la puerta abierta y la escena incorporada de la Visitación de la Virgen. La composición, el color y la elegancia de los gestos denotan un claro lenguaje manierista. El clasicismo renacentista se mantiene en la figura de Zacarías copiando modelos de Rafael, y en la de la mujer que sostiene al recién nacido inspirada directamente en Leonardo. En general en la escena predominan los tonos fríos que armonizan las formas y se ajustan a la delicadeza de las figuras femeninas, tratadas siempre por Cósida con dulzura y amabilidad.

La obra muestra una extraordinaria técnica y estilo, advirtiéndose elementos nuevos e influencias de los pintores flamencos Pablo Scheppers y Rolán de Moys.

Esta tabla formaba parte del banco del retablo mayor de la Cartuja de Aula Dei, uno de los grandes proyectos contratados al pintor Jerónimo Cósida por Don Hernando de Aragón, Arzobispo de Zaragoza.

El Retablo Mayor y Sagrario de la Cartuja de Nuestra Señora de Aula Dei estaba formado por siete tablas. En 1762 fue sustituido por otro de escultura que es el que podemos ver en la actualidad. Este monumental retablo le fue contratado a Vallejo Cósida a través del prior de la Cartuja, «con licencia y mandato» expreso de don Hernando de Aragón su mecenas, en enero de 1574. El artista se comprometía a hacer las figuras «muy bien pintadas de muy lindos colores y dibuxo». La iconografía del conjunto era la propia de la Orden Cartuja, que considera a la Virgen María, como su patrona y a San Juan Bautista como modelo. Es uno de los últimos grandes encargos que recibió Vallejo Cósida.

A la muerte de don Hernando surgieron problemas con la comunidad cartuja que retrasaron la conclusión y el cobro de su trabajo. En 1594, dos años después de la muerte del pintor, fue su hija Cándida quién recibió el pago de la obra.

Esta belleza se encuentra en el Museo de Zaragoza (Plaza de los Sitios, 6).

Se trata del museo más antiguo de la capital aragonesa y la sede principal (que alberga las secciones de arqueología y bellas artes) está ubicada en un edificio neorrenacentista construido para la Exposición Hispano-Francesa de 1908 por los arquitectos Ricardo Magdalena y Julio Bravo. Su diseño está inspirado en el Patio de la Infanta de la que fue casa del rico comerciante y mecenas del renacimiento aragonés Gabriel Zaporta.

El Museo de Zaragoza es la sede de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis, que es la fundadora del Museo, y alberga en las plantas segunda y tercera obras pictóricas y escultóricas que abarcan desde el siglo XII hasta el Arte Contemporáneo. Completan las colecciones una selección de pintura gótica, renacentista y barroca de ámbito aragonés.

Acoge también óleos de los principales pintores que desarrollaron su actividad en Aragón, entre los que destacan los de Jerónimo Cósida.

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La gitana con su bernó, sus pendientes, el broche con el que se sujeta el mantón, su pelo negro, su cara morena y su bebé ¿niña? (lleva pendientes)

Llama la atención que el detalle de la gitana suele pasar desapercibido para la crítica ¡no le echan cuentas a la gitanica los canallas!

A mí, me impresionan varias cosas: la belleza de esa gitana ¡con qué dulzura mira al santo niño!; que la gitana sea la única que lleva joyas y que el/la bebé sea el único personaje que mira al espectador.

¿Que a cuento de qué hemos publicado hoy este artículo? ¡Hombre! ¡¡¡Hace diez días que celebramos San Juan!!!

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Jean Lagrène, el viejo músico

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El Tío Jean Lagrène fotografiado por J. P. Potteau en 1865, Museo Nacional de Historia Natural (París, Francia)

El Tío Jean Adam Lagrène nació en Reipertswiller (en el Bajo Rin, Alsacia, Francia) en 1800 y faltó el 15 de septiembre de 1873 en París (Francia) a la venerable edad de 73 años. Fue músico. Violinista pa’ más señas. Y formó parte de una larga familia de músicos gitanos manouches alsacianos que aún continúa dando maravillosos artistas como Birèli Lagrène, uno de los más grandes músicos de jazz, continuador y actualizador del legado jazzístico gitano.

Édouard Manet, fue un famoso y valorado pintor francés, considerado uno de los padres del impresionismo aunque él no fuera un impresionista: la notoriedad de Manet se debió más a los temas de sus cuadros, considerados escandalosos, que a la novedad de su estilo.

Le Vieux Musicien es una pintura realizada por el pintor Édouard Manet en 1862, durante el período en el que el artista fue influenciado por el arte español. Es uno de los lienzos más grande que pintó Manet. En la actualidad forma parte de la colección de la National Art Gallery de Washington (Estados Unidos).

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El viejo músico (1862, oleo sobre lienzo, 187,4 cm X 248,2 cm, National Art Gallery, Washington)

Fue la respuesta de Manet al reto que le había lanzado el poeta Baudelaire para representar el “heroísmo de la vida moderna”. Y Manet retrató aquí los personajes que encontró en su barrio: el viejo músico gitano acompañado por una gitanilla con su niño en brazos, otros dos gitanillos (uno de los cuales, por su ropa, haría acrobacias mientras el Tío Jean Lagrène tocaba el violín), y otros personajes como un viejo trapero y un borracho. La reunión, el encuentro, aparentemente casual, se compone de los pobres urbanos, posiblemente desposeídos por los proyectos del Barón Haussmann (encargado en ese momento por Napoleón III de la renovación de París y que consistió -cómo no- en desalojar a los pobres y derribar sus barrios para construir las grandes avenidas y bulevares que hoy en día caracterizan París). No es una pintura anecdótica ni sentimental, el retrato de Manet traslada la cuidadosa neutralidad de un observador imparcial, y este rasgo, definitivamente moderno, de ambigüedad y desprendimiento es característico de toda la obra de Manet.

Jacques Philippe Potteau fue un fotógrafo francés que como empleado del Museo de Historia Natural realizó diversos retratos de personas “exóticas” (era algo que ya entonces interesaba muchísimo) y entre ellos incluyó al Tío Jean Lagrène.

De la gitanilla, de su niño en sus brazos y de los otros dos gitanillos que aparecen en el cuadro de Manet, nada sabemos.

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Lean, lean ustedes a escritoras gitanas y a escritores gitanos

Con la excusa de la celebración del Día del Libro pretendemos informar de la presencia en las librerías de libros escritos por autoras gitanas españolas y autores gitanos españoles para animaros a que corráis a la librería más cercana y hagáis vuestros encargos porque, claro, si quienes escriben libros no los venden dejan de escribirlos y luego nos quejamos de que no hay libros escritos por gitanas o por gitanos.

El siguiente autor de cuyos libros hablaremos es Joaquín Albaicín (Madrid, 1965), ensayista, novelista y crítico taurino y flamenco.

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En 1993 publicó con la editorial Anagrama su primera novela “La serpiente terrenal (un vodevil de hoy)” (ISBN 9788433909541), que, como su subtítulo indica, es una comedia ligera de acción rápida y asunto festivo, en este caso muy hábilmente construida, con mucho ritmo y con una elaborada prosa. Es una historia en la que malviven gentes marginadas, especialmente gitanos y negros, atrapados en la incertidumbre vital de un mundo regido por los valores de otros. En las propias palabras del Primo Joaquín, este debut novelístico suyo  es un ejercicio valleinclanesco.

md20549934516Le siguió una monumental obra, Gitanos en el ruedo: el Indostán en el toreo (Ed. Espasa Calpe, ISBN 9788423987528), hoy, por desgracia, descatalogada aunque os animamos a que la busquéis de segunda mano o en bibliotecas porque es un magnífico ensayo sobre la historia de los toreros gitanos que incluye sabrosas anécdotas y una colección de fotos que son en sí un tesoro. No obstante, y para que no os quedéis con las ganas, en 2007 publicó en Cuadernos Gitanos nº 1 (pág. 52-59) un breve e intensamente sabroso artículo en torno a los gitanos en el ruedo.

En 1995 apareció el Diario de un paulista: siguiendo a Rafael (Detursa,  ISBN: 8489156026) que es un cuaderno de viajes siguiendo al torero Rafael de Paula en su recorrido por las plazas de toros de España que, aunque está ambientado en una atmósfera taurina, también habla de cante o de gastronomía.

512vYTIfTjL._SX330_BO1,204,203,200_Casi agotado, pero aún podéis encontrarlo, está el ensayo de 1997 En pos del Sol (Ed. Obelisco, ISBN:  9788477205647) que es una historia alternativa a la “oficial” de las migraciones históricas del Pueblo Gitano que Joaquín construye en base a esta hipótesis-denuncia: los historiadores han cometido durante siglos el error de creer que podrían encontrar en las talegas de la erudición universitaria los orígenes de la forja histórica del Pueblo Gitano así como las razones de su vagar. Cuando dieron con datos que no encajaban en el rompecabezas de sus teorías preconcebidas o tenían, para verificarlos in situ, que abandonar la comodidad de sus despachos para desplazarse a otro continente o a un inhóspito arrabal, los ignoraron sistemáticamente. Los políticos, por su parte, estuvieron -y siguen estándolo- convencidos de que nuestra definitiva asimilación o reducción a pulpa entre las tenazas del mundo moderno es mera cuestión de tiempo.

Tras un largo periodo sin publicar, su último ensayo, de momento, está casi recién salido del horno y se titula De Viena al Vaticano: Benedicto XVI, el Invernadero Global y el Secuestro de la Identidad humana. (Ed. Barbarroja. Madrid. ISBN: 9788487446900). Fiel a las cuestiones por él abordadas durante años, el Primo Joaquín se reafirma en el diagnóstico de Sloterdijk y otros pensadores en el sentido de que la Historia ha concluido, siendo sucedida por la Globalización.

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Además, podéis seguirlo en las revistas culturales online: Cultura Transversal y El Estado Mental.

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¡Qué mal bajío tienen los críticos!

Michelangelo Merisi da Caravaggio (Milán, 29 de septiembre de 1571- Porto Ercole, 18 de julio de 1610) fue un pintor italiano considerado el primer gran exponente de la pintura del Barroco.

Como pintor siñaba un fenómeno y tuvo mucho éxito. Ahora, terelaba, según cuentan, mu mala follá ¡siñaba un malasombra! Según dicen tuvo varias quimeras y en una de ellas incluso hizo una muerte ¡No  veas cómo siñaba el jambo Caravaggio!

Una de sus características como pintor es el realismo con el que retrata a sus personajes. Así mismo, su uso del claroscuro hizo que fuese admirado incluso por los pintores coetáneos.

El claroscuro no lo inventó Caravaggio pero fue él quien le dio la técnica definitiva, oscureciendo las sombras y transformando el objeto en un eje de la luz, cada vez más penetrante. Con este tipo de pintura, los artistas comenzaron a plasmar el físico y la psicología de los personajes de una forma cada vez más real y aguda. Este claroscuro se realizaba mediante el contraste de luces proyectadas sobre los elementos de la obra, otorgándole mayor importancia a unos sobre otros. De ahí que mediante esta técnica se consiguiera cierto aire tenebroso. La incorporación de este nuevo tratamiento lumínico, el tenebrismo, traspasó las fronteras de Italia. Bajo esta denominación se conoce la nueva estética lumínica que el artista utilizó en sus obras de madurez y a través de la cual se opta por iluminar intensamente y con un foco de luz artificial y exterior la escena principal del lienzo mientras el resto queda sumido en una profunda penumbra y oscuridad. Pero no la utilizó en las obras que nos interesan ya que son cuadros que realizó en su juventud.

A Caravaggio le gustaban más los modelos populares que las bellezas clásicas de manera que según cuenta Giovanni Pietro Bellori en 1672 ‒es decir, 70 y pico años después de pintados los cuadros por lo que habrá que confiar en su buena memoria, jiji‒ que cuando Caravaggio estaba asentado en Roma en una posición que ya le permitía pintar según su propio genio y no a las órdenes de otros, estaba un día viendo con otros artistas las más famosas escultura de Fidias (el más famosos de los escultores clásicos griegos) y de Glicón (escultor clásico griego autor del Hércules de Farnesio) y todos los demás pintores decían que esas esculturas eran tan bellas que debían ser consideradas como sus modelos. Entonces Caravaggio dijo que el público circundante era mucho más bello que esas esculturas y, para dar más autoridad a sus argumentos, llamó a una gitana que pasaba por la calle, la llevó a su taller y la pintó en actitud de echar la buenaventura ¡Olé los detalles!

Se conoce con el nombre de La Buenaventura a dos de sus obras. La datación de las dos representaciones de La Buenaventura ha sido muy controvertida, se cree que la primera versión –que actualmente se encuentra en Los Museos Capitolinos de Roma- dataría de 1594 mientras que la versión del Louvre, Paris, sería de un año después, de 1595. Las copias o réplicas de una misma obra, realizadas por un mismo autor, eran bastante frecuentes durante el Renacimiento y el Barroco. Muchos artistas contrataban aprendices y pintores de segunda fila para ponerlos a trabajar en su taller y así dar respuesta a la creciente demanda de los clientes, que demandaban imágenes que habían resultado especialmente exitosas.

La crítica ha destacado que el diálogo que se representa en estas obras está cargado de sobreentendidos eróticos y de alusiones a una confrontación subliminal payo/gitano. Hay que tener en cuenta que en esa época era motivo de escándalo tanto el contacto físico (la mano del gachó en la mano de la gitana) como el cruce de miradas y la arrogancia de la gitana que mira con fijeza al jambo.

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La Buenaventura (La Diseuse de bonne aventure, hacia 1595, olio sobre lienzo, 99 cm X 131 cm, Museo de Louvre, París, Francia)

Este cuadro, aunque es una de sus obras de juventud, fue una verdadera revolución en su momento, tanto por su estilo como por el tema representado. La mayoría de artistas de aquella época seguían reverenciando el arte clásico como modelo de belleza ideal y se inspiraban en las esculturas clásicas para crear los personajes de sus composiciones pictóricas. Sin embargo, Caravaggio prefería utilizar modelos de carne y hueso, gente que se encontraba en la calle y en las tabernas y que posaban para él a cambio de unas monedas. Y es que para Caravaggio, la verdadera belleza estaba en el mundo real, no en las frías esculturas.

El tema escogido era también bastante chocante. Aunque no es la primera vez que aparece: las fuentes más antiguas citan la quiromancia como una práctica típica de las gitanas y ello dio lugar a un gran número de pinturas (que iremos analizando en nuestro blog).

Un joven bien vestido y algo incauto, admirado por la belleza de la gitana o incluso pretendiendo seducirla deja que una linda gitana le lea la mano. Ella es bella y aunque su condición es más humilde que la del caballero aparece limpia y sana. La cara parcialmente en sombra de la gitana acentúa el matiz cobrizo de su piel. Lleva una especie de turbante blanco, una rodela (berno se llama en romanó) –un complemento que llevaron las gitanas de toda Europa hasta el S. XVII‒, y viste una camisa blanca con bordados en el cuello y una capa o mantón de tipo esclavina que se anuda sobre su hombro y llega hasta los pies y que también fue una prenda típica de la vestimenta de las gitanas.

Otro detalle interesante de esta magnífica obra es que la gitana está mirando a la cara al caballero de manera que Caravaggio supo ver que la gitana más que leer las líneas de la mano practica la psicología empírica al observar el rostro del cliente.

El tema representado no tenía nada que ver con los temas habituales de la pintura de la época: mitología, escenas religiosas y retratos de gente poderosa. Sin embargo, el cuadro tuvo muchísimo éxito, por el realismo con el que estaba pintado y por su ambigüedad. ¿Es una obra de tipo moralista que nos está enseñando qué vicios debemos evitar? Podría serlo, pero la forma que tiene Caravaggio de representar al “malo” (en este caso la chica gitana) no parece acusatoria. No la pinta fea para que nos parezca repulsiva (como sí hicieron otros muchos pintores) y nos alejemos psicológicamente de ella sino más bien lo contrario: su rostro es interesante y atractivo, como si Caravaggio sintiese simpatía por ella.

Se sabe que este cuadro perteneció a la noble familia romana de los Pamphili, y que fue regalado al rey Luis XIV cuando Bernini fue a Francia, pasando después al Museo del Louvre, donde se encuentra en la actualidad.

La crítica moderna lo considera una de las obras más representativas de Caravaggio porque recoge algunas de sus principales características, como el tratamiento de un tema cotidiano, incluso vulgar, el énfasis en el claroscuro logrado mediante la introducción de un intenso haz de luz lateral, la disposición de un fondo neutro dinamizado por luces y sombras, y el interés por la psicología de los personajes.

En ambas versiones los protagonistas ocupan la inmensidad del lienzo y están recortados de medio cuerpo, un hecho que facilita  que el espectador sienta como si estuviese mirando a través de un ventanal una escena típica de la época.

Casi toda la crítica parece de acuerdo en destacar que en la versión del Louvre los personajes están más definidos y la obra presenta mayor calidad. En ambos lienzos el fondo se mantiene neutro una característica propia del artista barroco, los personajes están recortados contra una pared y en ella se proyectan algunas sombras. La luz procede de un foco exterior e incide directamente sobre los personajes pero aún no vemos el afamado tenebrismo caravaggiesco ya que ambas son obras de su juventud.

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La buenaventura (Buona ventura, 1594, óleo sobre lienzo, 115 × 150 cm, Museo Capitolino, Roma, Italia)

El lienzo fue vendido en 1750 como original al Papa Benedicto XIV. Sí, sí, el mismo que autorizó la extracción en sagrado de los gitanos españoles con lo cual hizo posible la ejecución de la Gran Redada ¡Manda carajo que al cabrón le gustara ver a esta gitana en un cuadro y condenase a la cárcel a los gitanicos y gitanicas de carne y hueso!

En verdad este segundo cuadro muestra interesantes variaciones si se compara con el primero. El punto de vista es ligeramente más bajo, los personajes se encuentran más cerca del espectador y hay más tensión entre ellos, tanto en las miradas como en las poses. Aunque los colores y el vestuario son casi los mismos (la camisa del caballero es diferente) los rostros son bien diferentes. También el tratamiento de las luces y claros del fondo es distinto, menos contrastado.

Hemos querido dejar para el final el verdadero asunto que está en el fondo de todo esto: la mirada turbia del antigitanismo plasmada a través de la crítica.

La tarjeta descriptiva que acompaña el cuadro del Louvre dice lo siguiente:

«Un jeune homme élégant se fait prédire son avenir par une bohémienne qui lui dérobe discrètement l’anneau passé à sa main droite»

Sí, así me quedé yo, ojiplático perdido. Allí en mitad del Louvre… Yo con toda mi ilusión y ¡plaf! en to’ la boca: un joven caballero elegante se hace predecir su futuro por una gitana que le ¡¡¡roba!!! discretamente el anillo de su mano derecha ¡¡¡Los muertos a caballo del crítico!!!

Y no es el único. Casi todos los críticos que hemos leído para confeccionar este artículo cuentan la misma mentira. Sí, es mentira. Es jojana. En el cuadro no hay tal robo. La gitana no le está robando el anillo.

Fue Giulio Mancini en sus Considerazioni sulla pittura (redactadas en 1620 aunque fueron publicadas en 1956) quien vio, por sus propios prejuicios, por su propia mirada turbia que diría el Tío José Heredia, el detalle del robo. No, la gitana no está robando el anillo y no, el robo no está en el cuadro de Caravaggio pero sí, la crítica sí ve ese robo porque el robo está en la sucia y turbia mirada de los críticos.

Al parecer, Caravaggio tenía malasombra, era un pendenciero, un buscarruinas pero no tenía la mirada turbia: pintó a la gitana de manera que no nos resultase fea ni horrible. No pintó ni el robo ni el juego de seducción que la crítica ha achacado a la gitana y que después ha apuntalado el fenómeno de la hipersexualización de las gitanas en la pintura y la literatura.

El robo y la seducción son pura invención de quienes no saben ver nada más que a través de sus ojos cargados de prejuicios antigitanos. Son los críticos los que han tenido realmente mala baji y mal bajío (bueno, la RAE dice mal vahído, pero ya sabemos que los jambos de la RAE son unos ignorantes y de eso hablaremos otro día).