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Arif Heralić, el currante sonriente, icono del trabajador

La próxima semana, el 1º de mayo, se celebra el Día Internacional de los Trabajadores y con tal motivo queremos contaros la historia del Tío Arif Heralić, verdadero icono socialista del trabajador feliz.

Arif Heralić fue un trabajador, un currante, gitano yugoslavo que dedicó sus años de vida laboral a la fundición en el alto horno de Zenica (actualmente en Bosnia-Herzegovina). El Tío Arif formó parte de un grupo de obreros fotografiados en su lugar de trabajo entre los cuales su sonrisa iluminando su cara destacó sobre las demás y por eso se utilizó en los billetes del país durante dos décadas.

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La famosa foto la tomó Nikola Bibic, que la publicó en el periódico Borbe (Combates) en 1954. Más tarde esa imagen aparecería en los billetes de 1000 dinares yugoslavos, desde 1955 hasta 1965, año en el que se convertirán en billetes de 10 nuevos dinares hasta 1981.

Sin título 1Su cara fue, por tanto, una de las caras más famosas de Yugoslavia aunque no todo el mundo supo que el Tío Arif era Rrom ni todo el mundo supo su verdadero nombre. En demasiadas ocasiones se le confundió con otro trabajador, un minero que dobló el récord de extracción de carbón en una sola jornada y que también aparecía en los billetes yugoslavos.

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No obstante aún sigue siendo un icono del trabajador industrial yugoslavo.

El Tío Arif nació el 5 de mayo de 1922 en Zenica (entonces Reino de Yugoslavia) y faltó allí mismo el 16 de junio de 1971. Tenía tan solo 49 años. El duro trabajo en la fundición le había pasado factura a su salud. De hecho se tuvo que retirar prematuramente en 1961 debido a su mal estado de salud.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la ustacha asesinó a 52 miembros de su familia. Presenció el fusilamiento de su padre y sus hermanos en el Campo de Concentración y Exterminio de Jasenovac.

Combatió en la resistencia con el Movimiento de Liberación Popular.

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El Tío Arif tuvo 11 hijos, 7 de los cuales quedaron huérfanos a su muerte.

A pesar de que el régimen socialista yugoslavo pretendió convertirlo en símbolo de la prosperidad y la fe en la construcción de un futuro socialista brillante, el Tío Arif murió en la miseria. La pensión por su invalidez no le alcanzaba para mantener a su extensa familia. En vano reclamó al Estado una compensación por el uso de su imagen en los billetes que él no tenía. Debe ser muy duro que tu cara aparezca feliz en los billetes que tienen otros y que tú no tengas ni pa’ dar de comer a tus chavorrillos. Y el Tío Arif ahogaba sus penas en Rakija, aguardiente, lo que empeoraba las cosas.

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En 1967, Vojdrag Berčić realizó un corto documental titulado “Devalvacija jednog osmijeha (la devaluación de una sonrisa)” en el que se muestra con toda crudeza la falsedad del mito común yugoslavo de la igualdad de oportunidades, mostrando abiertamente la escala de la desigualdad social. Aunque está en yugoslavo, os animo a verla.

La película llegó a ser emitida por la televisión pero posteriormente fue censurada y se mantuvo oculta hasta su reciente rescate. Las autoridades yugoslavas no querían que se conociera esta realidad.

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Los coros gitanos rusos

Durante el último cuarto del siglo XVIII nace en Rusia una rica tradición musical y escénica gitana: los coros.

Al parecer, fue el Conde Alexei Orlov-Chesmensky quien compró en Valaquia un grupo de gitanos esclavos que formaban un coro y que dirigía Ivan Sokolov Trofímovich a cuya muerte fue sucedido en el puesto de director por su sobrino Ilya Sokolov Osipovich.

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Alexei Grigoryevich Orlov (1737-1807), militar y estadista ruso. Participó en la conspiración que depuso al Zar Pedro III y encumbró a la Emperatriz Catalina La Grande

Ilya Sokolov Osipovich (1777 – 03/30/1848, Moscú), dotado musicalmente, el temperamental director, bailarín, guitarrista, compositor y cantante (con un estilo dramáticamente expresivo) fue el creador del coro gitano más antiguo que se conoce. Con la llegada de Ilya Sokolov el coro se profesionalizó y fue avanzando en la creación de una forma teatral original que incluía parlamentos, canciones y bailes en torno a una banda de música gitana que está en los cimientos de las representaciones escénicas gitanas de los siglos posteriores.

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Grabado aparecido en el periódico literario Северная пчела (La abeja norteña) el 28 de diciembre 1838 en el que vemos a Ilya Sokolov dirigiendo su coro

En 1807, fueron emancipados por el Conde Orlov y en 1812, parte del coro se estableció en Moscú aunque hicieron giras por diversas ciudades.

La invasión napoleónica de 1812 coadyuvó a la creciente prosperidad de los coros romaníes: la música romaní sustituyó a la música francesa tanto en los ambientes aristocráticos como en los más populares.

De ese sentimiento antifrancés que unió a gaȝe y Rroma surgió la tsyganshchina, la identificación de lo ruso con lo gitano o, más exactamente, con la construcción rusa de lo “gitano”: en contraposición a lo francés, se consideró que lo “gitano” era la quintaesencia de lo ruso. Este fenómeno social es equiparable al “gitanismo/flamenquismo”, que por esas mismas fechas se dio en el ámbito español.

Estos movimientos que se dieron también en otros lugares de Europa y del mundo, con similares características y cuyas consecuencias aún perduran, están conectados entre sí a través de un movimiento mucho más amplio, el romanticismo, que imperó en las artes y la cultura europeas durante el siglo XIX.

La principal característica de esos movimientos es esa apropiación de lo “gitano” para convertirlo en símbolo identitario propio con el consecuente olvido de las personas romaníes de quienes se ha expoliado.

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A finales del siglo XIX en Moscú, sin necesidad de aventurarse lejos y con toda facilidad se podía acceder a un entorno encantador y exótico. Bastaba con pedir al cochero que te llevase al suntuoso Yar, con su edificio evocando una majestuosa fortaleza y con las paredes interiores de su sala principal llena de espejos para que los clientes pudieran ver y ser vistos, o al Strelna, donde los esturiones nadaban en un tanque central esperando ser elegidos por los clientes que se los cenarían en el jardín tropical de invierno sentados entre palmeras.

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Coro gitano del Restaurante Strelna, 1880

Tanto uno como otro restaurante ofrecían el espectáculo de un coro gitano: los hombres y las mujeres del coro desfilarían por el salón vestidos con ropa de seda brillante; las mujeres con sus largas cabelleras negras recogidas en preciosos peinados y completamente adornadas con joyas de oro y perlas; los hombres, detrás de ellas, llevarían colores más oscuros; y, finalmente, cerrando la comitiva, aparecería el director, con sus grandes bigotes, vestido con un traje negro y una corbata con volantes alrededor de su cuello… Y en ese momento comenzaría a rasguear la guitarra gitana de siete cuerdas y con la mirada ordenaría a los cantantes que comenzaran su actuación. Comenzando suavemente, el coro cantaría gradualmente más y más rápido, in crescendo. La audiencia, ya ganada, aplaudiría al reconocer alguna de sus canciones favoritas: alguna de esas romanzas tan del gusto popular ruso, tan “rusas” en cuyas letras se mezclan palabras romaníes con referencias poéticas a aquella vida errante que tanto había inspirado las obras románticas de Pushkin y otros escritores rusos sobre el “gitano”, sobre su gitano imaginario.

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Coro de Ivan Grigorevich Lebedev (de pie, a la izquierda), 1910

El código de actuación del coro gitano ruso fue creado en estos restaurantes, espacios de interacción con la parte alta (nobles, oficiales militares, altos funcionarios, poetas, artistas) de la sociedad mayoritaria. Esto permitió a los coros gitanos acumular una experiencia de qué era lo que le gustaba al público. Si los gachós querían sentir la emoción de la libertad gitana que tan bien había descrito Pushkin, los artistas Rroma les darían esa sensación de dejar atrás su mundo cotidiano de preocupaciones y viajar al exótico mundo gitano. En esa interacción, los artistas Rroma se convirtieron en intérpretes de los personajes “gitanos” que la literatura había creado, es decir, esa asimétrica y desigual interacción entre lo que la imaginación romántica rusa había creado en torno a lo “gitano” y las aspiraciones de los propios artistas romaníes dio lugar a una peculiar expresión artística romaní rusa.