¿Por qué?

Hoy es uno de agosto y, por tanto, escribo en mitad de dos efemérides harto significativas para el romipén, la gitanidad, al menos en la forma en que yo lo concibo, lo siento y lo vivo. Por tal motivo, esta entrega rompe el hilo discursivo de las antecedentes o lo rompe en parte.

Las efemérides a las que me refiero son la Gran Redada, primer intento de genocidio antigitano, acaecida el miércoles 30 de julio de 1749 en España y la Zigeunernacht o noche de los gitanos que tuvo lugar el 2 de agosto de 1944 en el campo de exterminio de Auschwitz.

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En la Gran Redada fueron apresados entre 10.000 y 12.000 gitanos y gitanas, algunos de los cuales estuvieron presos hasta 16 años. Muchos murieron. Se desconoce cuántos.

En la noche del 2 al 3 de agosto de 1944 fueron asesinados cerca de 3.000 gitanos y gitanas por ello el 2 de agosto es el Día Internacional en Memoria del Samudaripen.

La Gran Redada tuvo unas consecuencias desastrosas para la población gitana de entonces: muerte, destrucción de familias (los hombres fueron llevados a los arsenales de marina para que realizaran trabajos forzados mientras que las mujeres y los niños menores de 7 años fueron encarcelados), ruina de todas sus posesiones (las justicias se incautaron de los bienes de los gitanos y los subastaron para hacer frente a los gastos derivados de su encarcelamiento −¡tiene guasa!), ruptura en la transmisión cultural…

El Samudaripen, el Holocausto de los gitanos durante el régimen nazi, supuso el exterminio de 500.000 gitanos y gitanas, lo que equivalía en algunas zonas como la propia Alemania al 75 % de la población gitana que vivía allí antes de 1933.

Ambas fechas y los acontecimientos que en ellas tuvieron lugar son desconocidas para el gran público. Ni siquiera los gitanos y gitanas, en general, tienen/tenemos conciencia de tan fatídicos hechos. Es más, muchos y muchas de quienes los conocen tienden a minimizarlos, a ignorarlos. Consideran que son hechos pasados que no inciden en el presente. No es verdad.

Sobre ambas tragedias podrás encontrar suficiente información en la red. Si deseas profundizar aquí tienes algunos libros imprescindibles:

Gómez Alfaro, A. (1993). La Gran Redada de gitanos: España, la prisión general de gitanos en 1749. Madrid: Presencia Gitana.

Hancock, I. F. (1987). The pariah syndrome: an account of Gypsy slavery and persecution. Ann Arbor: Karoma

Kenrick, D. & Puxon, G. (1997). Gitanos bajo la Cruz Gamada. Madrid: Presencia Gitana.

Rosenberg, O. (2003). Un gitano en Auschwitz. Madrid: Amaranto.

A principios de año, Ildefonso Falcones publicó su novela “La reina descalza” en la cual cuenta la historia de amistad surgida en la común búsqueda de la libertad de dos mujeres, una negra y otra gitana, con el trasfondo de la Gran Redada. La novela en sí no es gran cosa literariamente hablando, pero creo que es la primera vez que se noveliza esta historia.

“Y los violines dejaron de sonar” es una novela, después convertida en película con el mismo título, escrita por  Alexander Ramati quien también dirigió la adaptación cinematográfica, sobre la peripecia de una familia gitana polaca que intenta huir del Samudaripen, el holocausto gitano, y acaba pereciendo casi por completo en Auschwitz. Ni la película ni la novela son gran cosa artísticamente pero es la única película, que yo sepa, dedicada a este terrible episodio de la historia gitana.

Verdaderamente es muy sorprendente la ausencia de novelas, de películas y de libros en torno a estos temas. Tampoco hay referencias en los libros de texto escolares ni en los museos históricos españoles.

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¿Gitanizarse? ¿En qué?

Efectivamente, tienes razón. Te propongo que te gitanices pero para eso primero hay que saber en qué consiste eso, en qué consiste ser gitano. Tiene tela la preguntita ¿sabes? Y eso que llevamos ya unos pocos de años preguntándonosla. Pero aún no hay (yo no la conozco) una respuesta aceptada y aceptable.

Dice el DRAE que la palabra “gitano, na” deriva de egiptano y justifica esta etimología “porque se creyó que procedían de Egipto” ¿Quién se creyó eso? Otro día nos dedicaremos a darle vueltas a ese molino. Ahora vayamos a lo que vamos que si no nos dispersamos. En su primera acepción, el Diccionario académico y de referencia del español (no olvidemos jamás este último dato) que gitano es un adjetivo que “se dice de los individuos −evidentemente, se incluye también a las individuas− de un pueblo (sic) originario de la India, extendido por diversos países, que mantienen en gran parte un nomadismo y han conservado rasgos físicos y culturales propios”. Así mismo, el diccionario nos informa de que este adjetivo se usa también como sustantivo ¡Ah!

No está mal. Nada mal. Bueno… casi nada mal. Le falta el casi. Ese casi significa no que le falte poco para estar bien (entiéndase completa), sino que le falta todo. Es como si diseñamos una cocina pero no le ponemos el fuego. La cocina estará casi completa. Pero… es que sin fuego no es cocina.

Acotación primera: se dice de los individuos de un pueblo ¿no del pueblo mismo? ¿Este pueblo no debería escribirse con mayúscula del mismo modo en que se escribe, por ejemplo, Estado? Lo digo más que nada para que se entienda que en este sentido pueblo hace referencia a una entidad política, cultural, social, etc… y no a un conjunto de viviendas. Y, por supuesto, claro que “gitano” hace referencia al Pueblo que conforman esas individuas e individuos, aunque el Diccionario soslaye, ignore, ningunee este aspecto ¿Será interesado este desdén? ¿Será mera ignorancia o descuido? ¡Ah, la duda!

Bien lo de originario de la India ¡Ya está bien de tanta confusión histórica! Efectivamente, el Pueblo Gitano es indio de origen ¡Eso es! El Pueblo Gitano, es decir, la cultura gitana y la organización política y social gitana son de origen ¡remoto! ¡lejano! ¡¡¡histórico!!! −eso también aunque tampoco lo mencione el DRAE− indio. Pero no los individuos ni las individuas. Evidentemente el Diccionario no dice que los y las gitanas sean de origen indio ¡faltaría más! pero podría malentenderse así. De hecho se ha malinterpretado y se sigue creyendo que no somos de aquí (aquí= dondequiera que vivamos; entiéndaseme). Se nos ha tratado y se nos trata como extranjeros en el peor sentido de la palabra. Es decir como extraños. Es decir como no de los nuestros.

Acotación segunda: ¿extendido por diversos países? No sé, no sé. Un poco corta la estimación ¿No te parece? Yo creo que hay gitanos en todas partes. Por lo menos en todos los continentes. Y por supuesto en todos los países de habla hispana (se supone que este es el universo al que se dirige el DRAE). Yo diría que el Pueblo Gitano es indio de origen, europeo de concreción −un día de estos dedicaremos un ratito a explicar este extremo− y universal en su proyección. Pero no sé. Quizás universal resulte un poco grandilocuente ¡Qué coño un poco! Totalmente grandilocuente: que yo sepa no hay gitanos en ningún otro planeta. Pero, la verdad, es que suena bonito: indio de origen, europeo de concreción y universal en su proyección. Y además ¡que hostias! la definición es mía. La inventé allá por el año 97 del siglo pasado y ha la expresión, hay que reconocerlo, ha tenido cierto éxito: la gente −bueno, no toda la gente, alguna gente, algún que otro gitanólogo (sí, sí, existen los gitanólogos y las gitanólogas) y algún líder del movimiento asociativo gitano (esto, también existe)− la usa. Incluso como propia, es decir, sin citar la autoría ¡qué le vamos a hacer! De hecho, aunque a uno −o sea, a mí− le guste que le reconozcan el mérito, pero este tipo de cosas se inventan para que se las apropie el pópulo, la gente vaya.

Acotación tercera: ¡¡¿que mantiene en gran parte un nomadismo?!! ¿Qué nomadismo ni qué leches? ¡¡¡Hace siglos, muchos siglos que los gitanos y las gitanas estamos asentados, residimos en casas agrupadas en pueblos y ciudades!!! En España, desde luego, hace mucho, pero mucho tiempo que se acabó el nomadismo: ya en 1749, apenas un 8 % de la población gitana española era nómada o andarríos (me gusta más andarríos, por su romántico casticismo). Y en otros países, en la actualidad no alcanza el 5 % el porcentaje de nómadas.

Imagen: ¿y han conservado rasgos físicos y culturales propios? No me gusta nada la mezcla entre lo cultural y lo físico en la misma afirmación ¡¿qué tiene que ver el físico y la cultura?!  Por otro lado ¿a qué rasgos físicos se refiere? ¿Al moreno de verde luna? ¿Al cabello negro, fino, largo y reluciente? ¿Al fulgor de las pupilas? ¿A la afamada esbeltez? Y entonces ¿qué hacemos con los gitanos y las gitanas claros de piel y rubios de pelambre? ¿Qué pasa con los calvos, gordos y gafotas? Y qué pasa con los payos y payas morenos, esbeltos, de largas cabelleras ¿son acaso gitanos?

Lo de los rasgos culturales propios sí que me gusta pero… ¿cuáles son esos rasgos? No lo dice la definición.

Bueno, otro día seguimos dando vueltas al camino que, en definitiva, es lo que mola.

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¡Gitanízate!

Dice el DRAE en su vigésima segunda edición (accesible online) que “agitanar” es dar aspecto o carácter gitano a alguien o algo y digo yo ¿eso cómo se hace? ¿Cómo se agitana algo o alguien? ¿Cómo se le da carácter gitano? ¿Cómo se le da aspecto gitano?

Habría que saber primero en qué consiste el carácter o el aspecto gitano.

Dice el DRAE que carácter (en su sexta acepción) es el conjunto de cualidades o circunstancias propias de una cosa, de una persona o de una colectividad, que las distingue, por su modo de ser u obrar, de las demás ¿Existe algo así referido a una colectividad sea ésta gitana o paya o lo que sea?

Con el concepto “aspecto” (primera acepción) no tenemos más fortuna: Apariencia de las personas y los objetos a la vista ¿a la vista de quién? O lo que es más grave ¿Pueden tener los miembros de un grupo humano una concreta apariencia, un mismo aspecto?

Siempre he creído que el ser gitano es una decisión personal, que no hay nada que te obligue a ser gitano, y que no hay nada que determine cómo es tu aspecto o tu carácter por ser gitano. Por tanto no creo que sea posible agitanar nada ni nadie. Sí creo en la posibilidad de gitanizarse. Este verbo, según la Real Academia de la Lengua no existe. Sí que existe puesto que yo lo uso, lo escribo, lo leo y quienes lo escuchan o lo leen lo perciben. Otra cosa es cómo lo entiendan. Pero existir sí que existe aunque no lo recoja la Academia en su diccionario. De hecho, si pones “gitanízate” en Google aparecen 504 resultados que no es moco de pavo para algo que no existe.

Gitanizarse, sería a mi entender, un verbo activo, que implica la voluntad personal de ser gitano. Pero además, al ser reflexivo, también implica, valga la redundancia, la reflexión, el pensamiento en torno al hecho de ser gitano.

Pero… ser gitano ¿por qué? Porque sí, porque mola, porque me gusta, porque me da la gana… Y ¿para qué? para sentirme más feliz, para tratar de recompensar a quienes antes que yo fueron gitanos, para aportarles a mis hijos una alternativa vital que no sea el esperado estándar…

Tú dirás “muy bien, haz lo que te dé la gana” pero ¿por qué quiero que te gitanices? Pretendo compartir contigo algunas cosas que considero que contribuyen o han contribuido a mi gitanización, al desarrollo de mi gitanidad. “Sí, sí, todo eso está muy bien, pero por qué quieres que me gitanice” estarás pensando. Bueno, pues porque creo que es posible que te gitanices, es decir, que con voluntad por tu parte sí puedes ir adquiriendo aspectos de los diversos caracteres gitanos y de ese modo, tú y yo estaremos más cerca el uno del otro, que es, a fin de cuentas, lo que importa realmente.

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