Me opongo firmemente a la condescendencia

«A lo largo de los años he intentado llamar la atención sobre la discriminación, la marginación y los crímenes cometidos contra nosotros, contra los Sinti, con claridad y contundencia. Soy una rebelde alborotadora para las mentes biempensantes porque me aferro a la verdad y no admito el elogio condescendiente de los benevolentes. En sus ojos, puedo leer que no confían en una gitana. En la mente de casi todos está anclada, la imagen de la gitana inculta y estúpida estancada. Esa arrogancia, con su sonrisa presumida, la encuentro casi sin excepción en muchos científicos: historiadores, antropólogos, lingüistas, sociólogos y especialmente trabajadores sociales. La persona romaní que es rebelde no recibe apoyo. Es más fácil para las filas de los sabelotodo encontrar Sinti y Rroma que no les contradigan y sean conformistas»

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Así comenzó su discurso de aceptación Melanie Spitta cuando en 1999 le fue otorgado el  Premio a la Cultura Romaní “Otto Pankok” —pintor, grabador y escultor alemán que dedicó gran parte de su obra al tema gitano—, dotado por el escritor Günter Grass, Premio Nobel de Literatura.

Gracias a su trabajo parte de la verdad que los investigadores raciales y la policía dejaron en la oscuridad después de la Segunda Guerra Mundial pudo salir a la luz.

«Preguntamos a muchas familias Sinti —a más de cien personas— quiénes habían sido los perpetradores. Siempre recibíamos una respuesta casi idéntica: primero vinieron los investigadores raciales, luego la policía y luego comenzó el transporte a los campos de concentración» así señalaba la Tía Melanie la responsabilidad de los científicos sociales en el Samudaripen.

En este nuevo capítulo de nuestra serie “vivan las gitanas y los gitanos que han luchado por la emancipación de nuestro Pueblo” os estamos hablando de la Tía Melanie Spitta (Hasselt, Bélgica, 1946– Fráncfort del Meno, Alemania, 28 de agosto de 2005), que en Gloria esté.

Esta sinti alemana fue guionista de cine, activista de derechos humanos y feminista.

En 1938 la familia de la Tía Melanie huyó de Alemania a Bélgica para tratar de librarse de la persecución de los nazis.

A pesar de todo, fueron capturados y enviados a Auschwitz. Sus hermanos mayores no sobrevivieron.

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Su madrecica, que en Gloria esté

Su madre, que estuvo prisionera en los campos de Auschwitz, Ravensbruck —campo específico para mujeres— y Bergen-Belsen, al poco tiempo de terminar la Segunda Guerra Mundial falleció de tuberculosis debido a los experimentos médicos a los que fue sometida por el Dr. Josef Mengele, maldito sea por siempre.

Como consecuencia de todo este dolor, Melanie Spitta sufrió una enfermedad pulmonar que puso en peligro su vida y que le deterioró la salud para siempre.

En la década de 1980, trabajó como guionista con la directora de cine Katrin Seybold en varios documentales sobre la situación de la población Sinti en Alemania, luchó por la defensa de los derechos civiles y por la igualdad de las mujeres dentro de la comunidad Sinti y en la sociedad general y trabajó de manera constante como consultora y periodista.

En sus producciones de cine y en sus guiones trató el Samudaripen contra las personas Sinti y Rroma y analizó la falta de reconocimiento y compensación. Así mismo cuestionó las políticas de la memoria en Alemania, que tienen un trasfondo racista y sexista.

Das Falsche Wort

Junto con Kathrin Seybold hizo cuatro documentales, de los cuales probablemente el más famoso “Das falsche Wort” (La mentira) es un documental que presenta a testigos de la época que cuentan como fue el enjuiciamiento de los culpables y la no concesión de compensaciones a las víctimas.

En otros documentales y trabajos puso de relieve las diferentes facetas del racismo cotidiano contra los Sinti y los Rroma: en las escuelas, en el trabajo, en la sociedad.

Sus análisis han contribuido a dar voz a quienes nunca antes la tuvieron.

Gran parte de su trabajo se enfocó a destacar el sufrimiento de las mujeres romaníes.

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Gitanos en la Guerra Civil

Tras un largo período vacacional… jijiji ¡Qué no, que hemos estado muy liados! ¡Que estando en el paro hay que trabajar mucho para mantener una familia numerosa! Pues eso, que retomamos el blog y que nos disculpéis por este mes y medio de ausencia.

El 18 de octubre de 1936, el semanario Crónica, una de las revistas gráficas más importantes del periodo y de mayor tirada (hasta los 200.000 ejemplares), que dirigía Antonio González de Linares y que se vendía al módico precio de 30 céntimos de peseta (0,002 €) –no obstante, el doble que un diario-, publicó una histórica entrevista al Tío Helios Gómez (Sevilla, 27 de mayo de 1905-Barcelona, 19 de septiembre de 1956), sindicalista, antifranquista, pintor, cartelista, poeta, representante de la vanguardia artística de principios del siglo XX.

Esta entrevista ha sido ya divulgada en otras ocasiones. No es, por tanto, ninguna novedad o primicia lo que os ofrecemos. La razón por la cual hemos querido volver a publicarla es porque últimamente hemos visto algunos comentarios sobre la apatía y falta de lucha de las personas gitanas en la defensa de las libertades y derechos y creemos que leyendo al Tío Helios se le caerán los palos del sombrajo a esos maledicentes ignorantes.

Helios Gómez es conocido internacionalmente por su grafismo vanguardista en blanco y negro. En los años 30 luchaba contra el fascismo y por un ideal de justicia social a través de sus dibujos políticos. Continuó luchando finalizada la guerra y, después de tres años en los campos de concentración de Francia y Argelia, pintó y escribió desde la soledad y la reclusión, bajo la losa franquista, en rebelión contra el silencio y la mentira. Si deseáis conocer más a fondo su vida y su obra visitad la web de la asociación cultural Helios Gómez. También podéis leer el artículo del licenciado en filosofía, gitano, Isaac Motos “Helios Gómez, inquieto rebelde de infinito” (Cuadernos Gitanos, 1, 48-51)

Reproducimos a continuación la entrevista que firmó J. F. ¡Ya nos gustaría saber quién se escondía tras esas siglas para poder homenajearlo/a debidamente!

entrevista

Un gran artista revolucionario: Helios Gómez

Los gitanos en la Guerra Civil

Helios Gómez está en Madrid. Tenía que estar aquí. El sino de este gran artista, gitano y revolucionario, le manda siempre estar donde el pueblo —no importa en qué parte del mundo—viva horas de lucha dramática. Desde hace quince años, y Helios Gómez tiene treinta, donde quiera haya estallado un movimiento de rebeldía, una conmoción de protesta popular, en España, en Francia, en Bélgica, en Alemania, allí ha estado Helios Gómez: la pistola al cinto para combatir, y en la mano el lápiz para plasmar en magníficos dibujos de viril dinamismo, de patética emoción, los episodios de las luchas proletarias.

Helios Gómez es sevillano, trianero, de esa raza de artistas intuitivos, individualistas, celosos de su libertad, que forjan filigranas de hierro en las fraguas de la Cava y decoran con espontaneidad genial las maravillas cerámicas de la Cartuja.

Helios, pese a su juventud, es una personalidad de prestancia internacional como revolucionario. Puede considerársele un recordman de persecuciones: ha sido detenido por las autoridades de distintos países setenta y un veces y ha estado sometido a cuarenta y dos procesos. Expulsado de España, de Francia, de Bélgica y Alemania, se refugió en Rusia, el único país cuyas cárceles no hospedaron al dibujante.

Proletariado en marcha

En Rusia, Helios Gómez ha vivido dos años. Interesado por la gran experiencia laboriosa de los Soviets, Helios abandonó los lápices, y fue a trabajar en las famosas fábricas de Kuznettroy, en la Siberia Occidental, donde conquistó el título de «Udarnik», es decir, «obrero de choque», que es en Rusia una especie de «legión de honor» del trabajo.

El estallido de la guerra civil española sorprendió a Helios en Barcelona. La primera ametralladora que se tomó a los facciosos en la calle de Caspe estuvo en manos de Helios. Luchó en las rúas barcelonesas, y luego, en campos de Aragón. Cuando el capitán Bayo fue a Ibiza y a Mallorca, Helios Gómez iba de comisario político de la columna Baleares. Actuó en todas las operaciones; fue herido por unas esquirlas de metralla, y ahora convalece en Madrid, en la residencia de la Alianza de Intelectuales Antifascistas.

He aquí una vida extraordinaria, colmada de sucesos y de riesgos, como una línea recta de formidable ímpetu al servicio de las causas revolucionarias.

Mineros

Helios no quiere hablar de sí mismo; desdeña su gran caudal de anécdotas, que tejerían una gran novela de aventuras. Puesto en el trance de la información periodística, Helios se acoge a un tema que es para él tan apasionante como el de la política: el de los gitanos. En el gran artista constituye una obsesión el combatir el tópico pintoresco de la gitanería perezosa y arbitraria, el llegar a conseguir la reivindicación de los gitanos, su incorporación plena a la vida social, el reconocimiento de sus virtudes raciales.

—Los gitanos –dice Helios Gómez– son víctimas en España de una injusticia tradicional. Se les ha hecho una atmósfera de pintoresquismo, de picardía, de un falso casticismo de pandereta. Hay quien no concibe al gitano sino como un ente arbitrario y enredador, o un motivo de diversión para las «juergas». No se quiere reconocer que los gitanos tienen la categoría de una raza conservada casi en su pureza aborigen; una raza como la judía o la árabe, tan capacitada como cualquier otra para el trabajo, para el arte y para las concepciones ideológicas.

Helios

Hace una pausa, como ordenando sus recuerdos, y continúa:

—Ese tópico es peculiar de los países que viven retrasados políticamente. Una de mis mayores emociones en Rusia fue comprobar que los gitanos han sido allí totalmente integrados en la vida social. En la gran República de los Soviets, los gitanos tienen la misma categoría social que todos los demás habitantes.

Trabajan en todas las industrias; han formado kholjos agrícolas, que, organizados y dirigidos por gitanos, dan un magnífico rendimiento. Técnicos en el comercio de ganadería, ellos lo controlan y fomentan en varias Repúblicas. En el Cáucaso se dedican a la cría caballar para las necesidades de la famosa caballería roja. En Moscú existe el Tzigane-Teatro, exclusivo para los gitanos, y de esta raza son hoy muchos de los principales artistas del Teatro de la Opera.

En Rusia, el gitano, considerado como individuo de una raza tan apta como todas para las actividades sociales, tiene una categoría política y social igual a la de todos. Esto es lo que hay que conseguir en España.

—Se lucha aquí—le interrumpo—con toda una tradición: el gitano es uno de los componentes de lo que hemos dado en llamar «la pandereta española».

Lleno de fe, Helios me interrumpe:

—Ese es uno de los tristes absurdos con que acabará la guerra civil. Ya se está viendo de lo que el pueblo español es capaz. Lo pícaro y lo pintoresco con que especulaban el señoritismo y los «intelectualoides» se han transformado, sorprendiéndolos, en un formidable dramatismo, en una heroica epopeya popular.

Con los gitanos ha ocurrido lo mismo. Esta guerra es su justificación y su reivindicación. En Sevilla, los gitanos de la Cava, de Pagés del Corro y del Puerto Camaronero se estuvieron diez días batiendo desesperadamente contra Queipo de Llano. En Barcelona, los gitanos de Sans, la barriada de mayor significación proletaria, fueron los primeros que se movilizaron, y con escopetas de caza, con viejos pistolones, con navajas, cortaron el paso, en la plaza de España, a las fuerzas del Cuartel de Pedralbes.

Luego he visto a los gitanos batirse como héroes en el frente de Aragón, en Bujaraloz y en Pina. Gitanos vinieron con la columna Bayo a Mallorca y desembarcaron en Puerto Cristo, y allí, en una centuria del Partido Socialista Unificado de Cataluña, había gitanos que pelearon como leones en un parapeto que se llamó de la Muerte. Y ahora mismo, en una columna de Caballería que se está formando, los primeros inscritos son gitanos. Yo te digo que de esta guerra civil que alumbrará tantas cosas magníficas ha de salir, también en España, la reivindicación de los gitanos, su integración total a la vida civil.

Y Helios Gómez, el gran artista, al hablar de los suyos, tiene en el gesto y en la mirada un fervor de iluminado.

J. F.

Nota nuestra: el Tzigane-Teatro del que habla el Tío Helios es el Teatro Romen de Moscú